08 agosto 2007

Jazzaldia (II)


Ann Hampton Callaway, Popa Chubby y Gotan Project

SKA CON DENOMINACIÓN DE ORIGEN Y 'ELECTROTANGO'
(publicado el 25 de julio de 2007)

La Jazz Band Ball de anoche fue un auténtico crisol de estilos musicales y de intérpretes llegados de las más diversas partes del planeta. Las propuestas que mayor número de adeptos congregaron fueron las programadas en el Escenario Verde de la Zurriola, donde los jamaicanos de The Skatalites ofreció su ración de ska con denominación de origen y Gotan Project acercó el tango y otros ritmos tradicionales argentinos a la música electrónica.

ska, ska, ska Más de 40 años avalan la trayectoria de una formación que se vanagloria de haber inventado los ritmos que siempre se asocian a la isla que vio nacer a Bob Marley: "El ska, el rock steady el reggae. Todo ello comenzó con The Skatalites, la banda más grande de Jamaica", dicen ufanos. El grupo saltó ayer a la arena de la Zurriola para dejar patente por qué la sombra que proyecta es tan alargada que llega desde su fundación a principios de los 60 hasta nuestros días.

La formación original de The Skatalites sólo duró 18 meses: el grupo se disolvió en 1965 después de que su líder, el legendario trombonista Don Drummond, asesinara a su novia y fuera internado en un manicomio donde falleció poco después. Desde entonces el grupo se ha reunido en numerosas ocasiones aunque hoy día sólo quedan tres de sus miembros fundadores: el batería Lloyd Knibb, el saxofonista Lester Ska Sterling y la vocalista Doreen Shaffer.

Acompañados por nuevos jóvenes y no tan jóvenes integrantes, los jamaicanos lograron de inmediato la complicidad de los espectadores que danzaron al ritmo frenético y sincopado que marcaron los jamaicanos. El buen rollo, las camisetas con la bandera de Jamaica y el suave aroma a marihuana presidieron una actuación en la que no faltaron clásicos como Latin goes ska, Guns of Navarone y una versión habitual de su repertorio, Rivers of Babylon , con la que estalló el frenesí del público.

No es baladí la inclusión de The Skatalites en el programa de un festival como el donostiarra, ya que los miembros originales de la agrupación obtuvieron su formación gracias a la fusión de la música caribeña con los ritmos que practicaban los intérpretes de jazz de la isla.

Esa influencia se apreció, sobre todo, en los solos de viento que salpicaron las distintas piezas que con juvenil desenfado interpretaron estos viejos satélites del ska.

lunático trío Al filo de la medianoche, tras el vendaval jamaiquino, llegó otra propuesta marcada por la fusión. Gotan Project, el combo franco-suizo-argentino que forman Philippe Cohen Solal, Christophe Mueller y Eduardo Makaroff, relajó un poco el ambiente con su particular mezcolanza de tango y música electrónica. El trío combina en su túrmix los sonidos y los samplers originados por ordenador con el género que inmortalizó el gran Carlos Gardel y que renovó profundamente el acordeonista Astor Piazzolla. Al margen del bello sonido que resulta de fusionar la informática con instrumentos acústicos típicos como el piano, el violín o el bandoneón, la propuesta de Gotan Project trasciende el ámbito sonoro gracias al audiovisual de la artista multimedia Prisca Lobjoy, que Gotan Project está proyectando en la gira de presentación de Lunático , su último y aplaudido álbum.

los otros escenarios Aunque dicen que sólo Dios posee el don de la ubicuidad, hubo quien pudo disfrutar de varios conciertos a la vez. Uno de los más enérgicos fue el que ofreció el bluesman Popa Chubby, que encandiló a los aficionados al blues con su acercamiento a otros géneros como el rap, el hip hop y el rock.

El orondo rey del blues neoyorquino, que cubría su calva con un pañuelo rojo y lucía aparatosos tatuajes en sus brazos, inició la actuación en clave totalmente eléctrica y brincó al respetable una lección magistral de blues que subió la temperatura de la noche.

La oferta la completó Ann Hampton Callaway, cuya dulce voz ha capturado la esencia de las obras maestras del cancionero americano de jazz. Salió al escenario bajo un sol de justicia tras la breve introducción realizada por su trío de corte clásico, flirteó con su maestra Billie Holiday y Ella Fitzgerald y protagonizó algunos devaneos operísticos. Una de las primeras piezas que abordó fueCome rain or come shine que ya cantó en el último filme de Robert De Niro El buen pastor . Se sintió tan a gusto que incluso amenazó con cancelar su vuelo a Nueva York previsto para mañana (por hoy).

La banda francesa Gypsy Swing convenció con su mezcla de swing y de música de los gitanos europeos. El recuerdo a Django Reinhardt y Stefan Grapelli planeó sobre la carpa Heineken, donde reinaron los ritmos del Este.

En una línea más electrónica, la Jazz Band Ball también ofreció las sesiones de David Walters, que sorprendió con su repertorio de ritmos electrónicos impregnados de sabor afrocaribeño, y del berlinés Daniel Haaksman, DJ que convierte en bailable todo lo que pincha.




07 agosto 2007

Jazzaldia (I)


Amama Luisa Brass Band, Wagon Cookin' y DJ Solal

LOS FOGONES DEL JAZZALDIA YA ECHAN HUMO
(publicado el 24 de julio de 2007)

El pertinaz chubasco que azotó la ciudad en la mañana de ayer hacía presagiar lo peor: una inauguración pasada por agua. Pero los responsables del Jazzaldia parecían tranquilos y confiados en que el pronóstico meteorológico se cumpliera y las nubes se retiraran al cabo de unas pocas horas. A mediodía, sus deseos -y los de las miles de personas que durante siete días abarrotarán los distintos escenarios del festival- se hicieron realidad. Cesó la lluvia y todo siguió según el guión previo.

sabor a dixieland Un poco antes de la hora prevista, las 19.30 horas, el edificio del Centro Internacional de Cultura Contemporánea fue testigo del original inicio de la 42ª edición del Jazzaldia. Como no podía ser de otro modo en un festival cuyas actuaciones tienen lugar al aire libre, la calle adquirió el máximo protagonismo en la jornada inaugural. Desde Tacalera partió la animada kalejira musical de Amama Luisa Brass Band, vieja conocida del certamen que conquistó la complicidad de los viandantes que se vieron sorprendidos por su sonido, deudor del que practicaban las orquestas callejeras de Nueva Orleans de los años 20.

El Puente de María Cristina, el Buen Pastor, la Avenida de la Libertad, Alderdi Eder o el Paseo de la Concha. En todos esos lugares no faltaron los melómanos que quisieron revivir la frenética época del dixieland y se sumaron a la festiva comitiva que también practicó la fusión con otras músicas como el rhythm & blues, el funk o el soul.

Al filo de las 21.00 horas, el desfile llegó a su destino, el Peine del Viento, un escenario nuevo para el Jazzaldia. La organización ha decidido incluirlo en el programa para festejar los 30 años de la instalación de las esculturas más célebres de Eduardo Chillida. Y visto el éxito de la jornada de ayer, sería aconsejable que en el futuro el espectacular espacio escultórico figurara en la lista de escenarios del festival.

todos a bailar Wagon Cookin', el ecléctico proyecto musical de Javier y Luis Garayalde, convivió durante algo más de una hora con las tres abigarradas esculturas de acero cortén del artista donostiarra. Los dos hermanos, hijos del insigne saxofonista navarro Javier Garayalde, aparecieron en el escenario embutidos en sendos buzos blancos, el mismo color que vestían los eléctricos cantantes de negra voz, Xantone Blacq, Sheilah Cuffy y Marta Ruiz.

Varios cientos de espectadores se dieron cita en el lugar para degustar los manjares electrónicos que llevan preparando desde que en los 90 descubrieran que fusionar jazz y música de baile en la misma receta puede resultar cardiosaludable. Hace ya unos años que empezaron a cocinar su propuesta a fuego lento en la Sierra de Gredos, en el interior de un vagón de tren -de ahí el nombre del grupo- que ayer se detuvo en la estación del Peine del Viento.

Atrincherados tras su cacharrería electrónica, dieron a probar a los comensales algunas cucharadas de su última delicatessen, 2Faces , un álbum doble cuya cara A contiene sonoridades más centradas en el jazz, mientras que la B es más electrónica y bailable. Bajo esa premisa transcurrió la actuación que, como principal sorpresa, incluyó la participación del padre de las criaturas , Javier Garayalde. Aunque no estaba previsto que anoche soplase el saxo en Donostia, el veterano músico navarro alternó el tenor y el soprano durante la parte jazzy del bolo, y mostró una total compenetración con sus retoños, a pesar de pertenecer a tradiciones musicales distintas.

En la segunda parte del concierto, el saxofonista se retiró a un segundo plano para dejar que Wagon Cookin' desplegara su indudable potencial como máquina de baile. Costó un poco que el público entrase en calor, pero los samplers, las bases programadas y el sonido de los teclados y la percusión pusieron en danza a la concurrencia. El buen hacer de los vocalistas y su agitadora labor de animación hicieron el resto.

primer asalto de solal La tenue lluvia que pasadas las 22.00 horas comenzó a caer sobre la ciudad no consiguió arruinar el primer asalto de Philippe Cohen Solal, que esta noche volverá a actuar, pero en compañía de sus colegas de la banda Gotan Project. Anoche lo hizo junto al guitarrista Filip Wauters, que acompañó con la slide guitar los sonidos pregrabados del DJ galo. El público no tardó en morder el anzuelo de una peculiar propuesta que arrancó con los ritmos del mítico hit de Neil Young, Heart of Gold , pasado por el tamiz electrónico de Solal.

03 agosto 2007

Jazzaldia (Prólogo)


'Jazztinencia'

Han pasado cinco días desde que Donostia dejara de sonar a jazz. Fue una semana musicalmente intensa, feliz y dura para quienes asistieron y cubrieron el Jazzaldia, y aunque algunos deseaban que finalizara tanto trajín, el mono ya se deja sentir... Sería magnífico que este mismo lunes, sin aguardar hasta julio de 2008, comenzara la 43ª edición del certamen, pues el público amnésico y los programadores oportunistas se olvidarán del jazz hasta el año que viene. Afortunadamente, los verdaderos aficionados pueden combatir el síndrome de jazztinencia pinchando discos en sus hogares o frecuentando los escasos garitos que la ciudad destina a la música improvisada: Altxerri y Branka. Porque el jazz, amigos, es más que un festival de siete días.

NOTA: En los próximos días, aparecerán colgadas en el blog las fotos de algunos de los conciertos más memorables de la 42ª edición del Jazzaldia donostiarra.


16 julio 2007

XXV aniversario de 'Blade Runner'


Ridley Scott

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto a un cineasta dirigir joyas como el clásico Los duelistas o la insuperable Alien. He admirado su buen hacer en títulos como el efectivo thriller Black rain y la entrañable road movie Thelma y Louise. Pero también he visto al mismo realizador perpetrar bodrios tan infectos como La teniente O’Neil, Black Hawk derribado o Hannibal. Estos días se cumplen 25 años del estreno de su ópera magna, Blade runner, que parece perdida en el tiempo como una bella lágrima en la lluvia de una filmografía mediocre. Mientras esperamos ansiosos su reedición en DVD, sólo cabe preguntarse quién demonios dirigió las mejores películas de un director, Ridley Scott, que lleva quince años sin levantar cabeza.

13 julio 2007

X Aniversario de la muerte de Jeff Buckley


Una década sin Jeff

Estos días se cumplen diez años del fallecimiento de Jeff Buckley. Antes de morir ahogado, había grabado 'Grace', su único álbum de estudio, un trabajo magistral que bien podría haber sido el primero de una larga y genial carrera


Cae tarde en Memphis y un barco remolcador surca las claras aguas del río Wolf. Jeff se aproxima a la orilla mientras su amigo lo observa atentamente. "Keith, quiero darte algo como prueba de mi amistad", le dice. Éste responde: "Jeff, no quiero nada". "¡Pues entonces déjame darte un abrazo!", replica. Rodea a Keith con sus brazos y enciende el radiocasete. Mientras suena Whole Lotta Love , Jeff se introduce en el afluente del legendario Mississippi para nadar. Lo hace cantando y sin despojarse de la ropa ni de sus botas. Keith retira el radiocasete de la orilla para ponerlo a salvo del oleaje generado por el remolcador. Y súbitamente se percata de que no hay rastro de su compañero. Lo llama, rastrea las inmediaciones, pide ayuda. Pero el esfuerzo es en vano.

Aquella aciaga tarde, el 29 de mayo de 1997, fue la última vez que Jeff Buckley fue visto con vida. El rumor de suicidio corrió como un reguero de pólvora en Internet y las autoridades lo dieron por "desaparecido". Seis días después, el 4 de junio, su cadáver descompuesto fue descubierto río abajo, al pie de Beale Street, la cuna de la música blues. Lo reconocieron, según cuentan las crónicas de aquellos días, por el piercing que lucía en el ombligo.

Acaban de cumplirse diez años desde que el río Wolf ahogó la voz de uno de los músicos más influyentes de la escena rock de los 90. Nada sería lo mismo, musicalmente hablando, sin Grace , el único disco de estudio que grabó el californiano, hijo de otro ilustre cantautor, Tim Buckley, que también falleció prematuramente, a consecuencia de un mal viaje que le procuró el consumo de heroína.


los comienzos

La guitarra de la abuela


"La música nunca se acaba y, aunque he oído cosas de tantos lugares distintos y me he enamorado innumerables veces de tantos tipos de música, sigue habiendo algo que creo que se llama simplemente libertad", aseguraba Jeff Buckley en una sobrecogedora entrevista incluida en el making off de Grace . En alguna otra ocasión había declarado: "La música debería ser libre y penetrante, debería arrastrarte".

Y es que la libertad es el concepto sin el cual sería imposible entender la breve pero intensa obra de un autor que se apoyó en referencias tan diversas como Led Zeppelin, Nina Simone o Nusrat Fateh Ali Khan para desarrollar un estilo personal.

Cuenta Buckley que la música le sedujo cuando era niño. Tenía sólo cinco años cuando descubrió que su abuela guardaba una guitarra acústica en casa. "Estaba ahí, sin nombre, como si mi abuela albergara la esperanza de que alguno de sus hijos empezara a tocarla. Pero allí se quedó hasta que crecieron. Y entonces la encontré, y comencé a rasgar sus cuerdas", decía.

Y no paró de hacerlo hasta el día en que dejó de respirar. Cuando era un simple adolescente daba conciertos en garitos de mala muerte de Los Ángeles, y en 1990 se trasladó a Nueva York donde acaparó la atención del público con sus actuaciones en locales vanguardistas como el café Sin-é de Greenwich Village. Fue en ese lugar donde atrajo la atención de los ejecutivos de Columbia, que en 1993 le produjo un EP de cuatro temas en los que, como era habitual, Buckley aparecía con la única compañía de su guitarra y su imponente voz, capaz de abarcar hasta tres octavas. Una voz que en unas ocasiones sonaba desgarradora y en otras angelical y con reminiscencias operísticas.


su único álbum de estudio

Un disco en estado de 'gracia'


El único álbum de estudio que pudo grabar antes de su prematuro deceso, Grace , es una de las obras capitales del rock de los 90. Quizá la siguiente afirmación sea un exceso, pero las diez canciones del disco que Columbia publicó en 1994 ha cambiado la vida y la música de quienes han tenido la gracia de escucharlas.

Junto al bajista Mick Grondhal y el batería Matt Johnson como principales protagonistas, pergeñó un disco mágico, inclasificable y único. Contiene piezas tan bellas como Hallelujah , versión mejorada del clásico de Leonard Cohen donde aparecen versos distintos a los que el canadiense grabó en su álbum Various Positions . Incluye temas en los que planea el espíritu de su admirada Nina Simone -Lilac Wine -, rarezas como Corpus Christi Carol -un villancico de Britten- y canciones tan conmovedoras como Grace o Lover, you should've come over . Hay otras de inquietante carácter premonitorio como Eternal life , cuya letra reza: "Ahora la vida eterna me sigue de cerca / Ya tengo un ataúd rojo y reluciente, tío, a falta del último clavo".

"Las canciones surgen de poemas y, a veces, éstos surgen de los sueños, de la realidad o de algo que quieras expresar", decía Buckley sobre sus composiciones, capaces de aparecer como un torrente sonoro y explosivo o arrulladoras como una dulce nana. Él mismo declaró una vez en un concierto presenciado por sus admirados Jimmy Page y Robert Plant, de Led Zeppelin: "La música debe ser como hacer el amor: unas veces te apetece suave y tierno y otras fuerte y agresivo".


tras la muerte de buckley

¿Oportunismo o tributo?


El segundo disco de Buckley iba a llamarse My Sweetheart the Drunk . Había registrado algunas piezas con el productor Tom Verlaine, pero no estaba satisfecho con el resultado e iba a regrabarlo cuando falleció ahogado en 1997. Su madre, Mary Guibert, publicó las maquetas de ese trabajo inacabado en un disco doble y ha ido supervisando la edición de diversos álbumes en directo y de otros con piezas inéditas -Mystery White Boy (2000), Live a L'Olympia (2001) o The Grace EPs (2002)- que, por un lado, despiertan acusaciones de oportunismo y, por otro, sacian las ansias de los fans de Buckley, ávidos de devorar hasta la última migaja que grabó su malogrado ídolo.



¿Buckley en el siglo XXI?

¿Se imaginan qué tipo de música estarían haciendo ahoramismo tipos como Jim Morrison, Janis Joplin o Kurt Cobain si su prematuro fallecimiento no les hubiera impedido continuar dedicados a lamúsica? Piénsenlo durante unos momentos y después formúlense la misma pregunta con relación a Jeff Buckley, otro mito que, siguiendo la pauta de James Dean, vivió deprisa, murió joven y dejó un bonito cadáver. ¿Su mente inquieta le habría inclinado hacia su apreciada música jazz o habría flirteado con la electrónica? La sombra del joven californiano es alargada, como demuestra la influencia plasmada en solistas y bandas como Coldplay, Travis o RufusWainwright, entre otros. Andy Wallace, productor de Grace, tiene su propia y particular respuesta: “Si hubiera vivido habríamos visto en él a un artista de largo recorrido, con una evolución y un cambio continuos. No habría hecho otro Grace, sino otros grandes discos. Hay pocos artistas que dan realmente la sensación de que su carrera pueda durar 20 años, produciendo trabajos variados y de estilos diferentes. Sin duda, Jeff habría formado parte de ese grupo de personas”.


24 junio 2007

Concierto de The Rolling Stones en Donostia

Instantánea capturada con el móvil. Ya me habría gustado llevar la réflex...

No es sólo rock and roll...


Cuenta la leyenda que el legendario guitarrista estadounidense Robert Johnson vendió su alma al diablo en un cruce de caminos: a cambio, podría tocar el blues mejor que ningún otro mortal. Dicen también que el mefistofélico pacto se mantuvo vigente durante ocho años hasta el 16 de agosto de 1938, fecha de su prematuro fallecimiento, provocado al parecer por un marido celoso que emponzoñó su whisky. Las únicas 29 composiciones que logró grabar antes de morir fueron suficientes para sentar cátedra, poner los cimientos del rhythm & blues y servir de referencia a una legión de guitarristas que en pleno siglo XXI continúan rindiéndole tributo.

Anoche se pasearon por el escenario del estadio de Anoeta cuatro británicos enjutos y talluditos que en su día también firmaron una diabólica entente con el Maligno. Aunque a ellos la jugada les salió bastante mejor que a su admirado Robert Johnson. A tenor de lo que pudieron presenciar las cerca de 35.000 almas que abarrotaron el campo de fútbol, fueron Sus Satánicas Majestades quienes engañaron a Lucifer, pues el pacto sigue en pie después de 45 años tras los que, todavía hoy, los Rolling Stones conservan en su poder el infernal cetro del rock and roll.

Sabedores de estar a punto de presenciar un acontecimiento histórico, los espectadores aguardaban ávidos de rock and roll la aparición de los Stones. Éstos respetaron casi a rajatabla la puntualidad de que hacen gala los súbditos de la Pérfida Albión y saltaron al escenario a las 22.15 horas, tras los conciertos de los teloneros Zenttric y Arno Carstens.

No hubo lugar para la sorpresa en el arranque de un trepidante concierto que rondó las dos horas. Los fuegos de artificio dieron paso al inefable Keith Richards que, hierático, rompió el hielo con el inconfundible riff de Start me up . Transmutado en una escurridiza sanguijuela, Mick Jagger se adelantó con unos contoneos más propios de un quinceañeros que de un sexagenario.

Inmediatamente retrocedieron a los tempranos 60 con Let`s spend the night together tras las que llegaron las primeras palabras en euskera de Sir Jagger: "Kaixo, Donostia. Gabon, zer moduz?". Y acometieron, Rough justice, la única pieza de su último disco. Ya en los primeros compases quedó patente que Ron Wood adquiriría el protagonismo guitarrero en detrimento del brontosaurio Keith Richards. Parapetado tras su batería, el canoso Charlie Watts dio buena cuenta de su famosa pegada.

Así fue en All down the line y You got me rocking , que precedieron a un regalo especial de los Stones a una ciudad en la que nunca habían actuado: por primera vez en la presente gira europea, tocaron Ruby tuesday , un clásico no tan conocido como Angie o Wild horses , pero una balada igualmente hermosa. Siguió el ritmo con Can't you hear me knocking -con Jagger a las maracas y a la armónica-, I`ll go crazy -en homenaje a James Brown- y la añeja Tumbling dice .

Y llegó su momento. No ha fallado ni una sola vez en todo el tour. El corsario Keith Richards tomó las riendas del espectáculo más grande del mundo y, con permiso de Jagger, cantó dos piezas, el blues acústico I got the silver y la pegadiza I wanna hold you . El público celebró y perdonó los desvaríos vocales de Richards, que sólo sirvieron para que el frontman de la banda descansase sus cuerdas vocales, tan propensas a contraer laringitis.

Y cumplieron con el ritual de deslizarse a través de una plataforma hidráulica -una suerte de papamóvil - hasta el escenario secundario donde interpretaron los clásicos It`s only rock and roll , It`s all over now y Satisfaction , que puso en frenética y exaltada danza a la concurrencia, con Jagger batiendo las maracas y agitándose como un poseso.

Regresaron al escenario principal a bordo de su txalupa galáctica mientras interpretaban la sudorosa Honky Tonk Women y sobre sus cabezas una gran boca hinchable sacaba la lengua más célebre del rock and roll. Y llegó la canción que a punto estuvo de convertir Anoeta en una gigantesca hoguera de la noche de San Juan: cuando Mick Jagger, enfundado en una levita diabólicamente roja, cantó el inevitable "Pleased to meet you!" de Sympathy for the devil dos grandes lenguas de fuego brotaban a ambos lados de la zona superior de la escena. Y los espectadores se convirtieron en coristas: "Uh, uh. Uh, uh".

El público, desatado, no daba crédito a lo que escuchaban sus oídos cuando en la recta final sonó la hipnótica Paint it black , en la que sólo faltó el sonido del sitar, y la carismática Brown sugar . ¡45 años de éxitos resumidos en media hora de canciones que culminaron con la esperada Jumping Jack Flash y una traca de fuegos artificiales! Apoteósico.

Aunque la afirmación suponga contradecir una de sus más famosas tonadas, The Rolling stones no es sólo rock and roll. Es mito, espectáculo, empresa, un estado anímico, artificio y oficio, mucho oficio. Pero sobre todo es Historia con mayúsculas. Una Historia que ayer, durante dos horas, tuvo como escenario la capital guipuzcoana. Era la primera vez que actuaban en Donostia y probablemente la última. Pero al menos la ciudad ha tenido la fortuna de presenciar el milagro del rock and roll. O lo que es lo mismo: admirar el espectáculo de una banda que lleva cuatro décadas y media caminando por el lado más salvaje de la vida y que aún continúa sin conocer rival.


12 junio 2007

Vincent Van Gogh


Carta a Theo

Mi querido hermano. He sabido de la inauguración en Madrid de una exposición con algunos cuadros que pinté en Auvers antes de morir. Intuyo que aún no me has perdonado que me descerrajara un tiro en el pecho, pero tú probablemente habrías obrado igual en mi lugar. Recuerdo haberte dicho, antes de expirar, que la tristeza durará siempre. Pero aquí mi espíritu ha encontrado la paz. ¡El infierno ya lo padecí en vida! En mi exilio voluntario continúo pintando a un ritmo frenético. Echo de menos los cipreses y los trigales, pero he encontrado motivos abstractos que llenan mis lienzos de colores y formas imposibles. Quisiera hallar el modo de enviarte mis últimas creaciones. Espero tu próxima carta.
Siempre tuyo, Vincent.

Concierto de Dean & Britta

Pop descalzo y elegante

03 junio 2007

Concierto de Patti Smith


Catártica Patti

(Más FOTOS después de la crónica)

Intérpretes. Patti Smith (voz, guitarras ocasionales y clarinete), Leonard Kaye (guitarra) Jackson (guitarra), Anthony Shanahan (bajo) y Jay Dee Daugherty (batería). Fecha y lugar. 01/06/07. Teatro Victoria Eugenia. Donostia. Incidencias. Tras el accidentado concierto de Fangoria, la del viernes fue la segunda ocasión en la que se retiraron las butacas del recinto para que el público pudiera seguir la actuación de pie. Esta vez, la nueva y consistente tarima instalada para la ocasión no causó ningún problema y la velada se desarrolló con total normalidad.


Ha
n pasado 32 años desde que una insolente veinteañera de Chicago, cuyo nombre de pila es Patricia Lee, deslumbró al mundo con un arrebatador disco de debut, Horses. El pasado viernes Patti Smith interpretó algunas de aquellas canciones en el Victoria Eugenia de Donostia y la sensación de quienes allí se congregaron fue unánime: hace tiempo que las manecillas del reloj se detuvieron para la madrina del punk. Fue suficiente ver su sempiterno aspecto desaliñado, sus contagiosas danzas chamánicas y escuchar los primeros compases del tema que abrió el concierto, Privilege (Set me free). A pesar del tiempo transcurrido, poco o nada ha cambiado en su transgresora actitud y su asombrosa voz no ha perdido un ápice de la fuerza de antaño.
En su visita a Donostia –la única en el Estado si se exceptúa su participación ayer en el Primavera Sound de Barcelona–, Patti Smith tenía como misión presentar su último trabajo, Twelve, donde la estadounidense ha facturado doce versiones de sus bandas favoritas. Sin embargo, sólo interpretó cinco de esos temas. Sopló el clarinete en el Are you experienced? de Jimi Hendrix, utilizó los versos introductorios de White rabbit para hacer varios guiños a San Sebastián, invocó el espíritu de Jim Morrison y Kurt Cobain con Soul kitchen y Smell like teen spirit, respectivamente, al tiempo que recordó que el mismo viernes se cumplían 40 años de la publicación de la obra magna de The Beatles, Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Para conmemorar la efeméride, interpretó la versión del Within you without you incluida en Twelve, y en la recta final del concierto se animó a improvisar, sin ensayos previos y echando mano de chuletas varias, su propia cover del A day in the life que Lennon y McCartney incluyeron en dicho álbum.
Para deleite del heterogéneo público reunido en el teatro, el resto del recital consistió en una generosa ración de grandes éxitos: sonaron las imprescindibles Redondo beach, Free money, Because the night, Pissing in a river y People have the power, himno que entonó, como no podía ser de otra forma, con el puño en alto.
Sin dar la espalda a su condición de poetisa, se armó con varios libros y unos anteojos perfectamente redondos y en varias ocasiones declamó versos con tal elegancia que fue fácil imaginarla compartiendo atril con ilustres de la generación beat como Allen Gingsberg o William Bourroughs.
Escoltada por una solvente banda que se manejó con eficacia tanto en los momentos más rockeros como en los más íntimos y acústicos, Patti Smith se mostró comunicativa, charló con los espectadores, lanzó varios esputos por canción y reservó para la traca final una hermosa versión del Perfect day de Lou Reed con la que quiso mostrar su agradecimiento al público donostiarra.
Y cuando parecía que el final llegaría al concluir la clásica y eléctrica Gloria –que ya le pertenece casi tanto a ella como a Van Morrison, su autor original–, la vocalista remató la faena de modo inmejorable con la explosiva Rock’n’Roll Nigger cuyo endiablado ritmo puso a prueba la nueva tarima del Victoria Eugenia, que permitió al público seguir de pie el concierto, esta vez sin sobresaltos.

La Smith
, que concluyó su actuación arrancando violentamente las seis cuerdas de su guitarra eléctrica, abandonó el escenario más libre después de protagonizar una gran catarsis de la que también participó el público. Combativa, sensual, altiva, enérgica y, sobre todo, joven a los sesenta y tantos. Así se reveló, una vez más, este claro y diáfano ejemplo de que las viejas rockeras tampoco mueren. Jamás.