20 febrero 2010

Concierto de Roy Loney & Señor No en Gazteszena


Happy rock to You!

Fecha y lugar. Sala Gazteszena. Donostia. 11/02/201. Intérpretes. SEÑOR NO: Roy Loney (voz y guitarra), Xabi (guitarra), Mikel (guitarra), Fumai (bajo) y Joseba (batería). THE HI RISERS: Greg Townson (voz y guitarra), Todd Bradley (voz y bajo) y Jason Smay (batería). Incidencias. Los conciertos sirvieron para inaugurar el circuito Donostikluba 2010 y celebrar los 20 años de vida de Bloody Mary, la tienda de discos de Irun.

la
gira de Roy Loney y Señor No es ya una cita obligada, como la película de Woody Allen o la novela de Philip Roth que cada año visitan nuestras pantallas y estanterías. El músico estadounidense desembarcó el jueves en Gazteszena y, a juicio de quienes le han visto ya en varias ocasiones (Donostia, Arrasate, Andoain, etc.), no estuvo tan teatral ni tan movido como de costumbre. Aunque quienes le acompañan en el presente tour aseguran que sus cuerdas vocales no funcionaron a pleno rendimiento, al arriba firmante la voz del ex flamin" groovie le pareció tan legendaria como siempre…

Una suave introducción acústica dio inicio a la actuación, con Roy Loney en plan llanero solitario. Los donostiarras Señor No entraron de puntillas en el escenario, enchufaron sus bártulos en mitad de la magnífica Diablo y partieron en dos la canción. Entonces todo se tornó eléctrico. Sin espacio para la calma, el quinteto construyó un macizo set de rock and roll a partir de temas de sus discos conjuntos, Bottle of wine y Got Me A Hot One, y también de éxitos de los Flamin" Groovies como la chispeante Second cousin.

Con casi medio siglo de carrera a sus espaldas, el mítico rockero suele tocar con dos grupos de la costa oeste de EEUU que muy hábiles tendrán que ser para acercarse a la contundencia de Señor No. A estas alturas, nadie duda de la sabiduría musical de la banda que el californiano posee en la costa cantábrica, pero en comunión con ese jovenzuelo de 63 años los donostiarras suenan aún más rotundos, menos punk y más rock: sobresalientes. Si Loney cumple su promesa, antes de diciembre regresará por estos pagos y grabará una tercera referencia con Xabi, Mikel, Fumai y Joseba para Bloody Hotsak.

Dicho sello lo impulsa, como es sabido, el inquieto Juancar, responsable de la tienda de discos Bloody Mary de Irun, que este año cumple dos décadas. Para soplar las 20 velas también se trajo de nuevo a los neoyorquinos The Hi Risers, que de teloneros sólo tienen el nombre. En la primera parte de la noche, el risueño trío le pegó a todos los palos -rock and roll, R&B, garaje, rockabilly, surf- y se despidió con un simpático doo wop tras un concierto formidable. Happy rock to you!

17 febrero 2010

Restauración de un icono de Pasaia



Desde que era un crío y mis padres me llevaban de paseo a Puntas de San Pedro, siempre me atrajo fuertemente esa enorme embarcación encallada en el viejo astillero. Muchas veces me pregunté qué hacían allí varados ese buque y su gran chimenea negra aparte de acumular herrumbre. La respuesta llegó ayer, por sorpresa y en forma de rueda de prensa, donde nos enteramos de que la draga Jaizkibel, botada en 1933 y retirada en 1984, será sometida en breve a un proceso de restauración que le devolverá el esplendor de antaño. A continuación podéis leer el reportaje publicado en Noticias de Gipuzkoa y ver las fotos que saqué ayer mismo por la mañana.

El profundo sueño de la draga 'Jaizkibel'

Para muchos habitantes de Pasaia y también para sus más asiduos visitantes, la draga Jaizkibel siempre estuvo ahí, varada en el astillero Ondartxo de San Pedro y acumulando escamas de óxido. La nave que durante más de medio siglo fue utilizada para limpiar de fango, piedras y arena el fondo del puerto, lleva sumida en un profundo sueño desde 1984, el año en que fue retirada de la circulación. Desde entonces, el desencuentro entre la antigua Junta del Puerto y las instituciones vascas hizo que el barco cayera en el olvido y a punto estuviera de ser subastado y desguazado.

La embarcación se vio salvada por la campana en 1992 cuando fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de monumento por la Junta de Patrimonio del Gobierno Vasco. La propuesta fue iniciativa del Museo Naval, centro ubicado en Donostia y dependiente de la Diputación de Gipuzkoa, que no cejó en su empeño de proteger el patrimonio industrial del país.

El paso del tiempo y la exposición de la nave a las inclemencias climatológicas ha provocado el progresivo deterioro de la misma. Sin embargo, la historia tendrá, afortunadamente, "final feliz", en palabras del viceconsejero vasco de Cultura, Antonio Rivera, que ayer se reunió con Mª Jesus Aranburu, diputada foral de Cultura, y Miguel Buen, presidente de la Autoridad Portuaria, en cuya sede tuvo lugar la rueda de prensa donde anunciaron la firma de un acuerdo interinstitucional.

El acuerdo En virtud del convenio suscrito, la Jaizkibel será restaurada y acondicionada para que el público pueda visitarla y conocer cómo funcionaba la draga que limpiaba el fondo del puerto para que se pudiera circular sin dificultad. Desde que fue llevado a tierra, el barco no puede navegar debido a su deterioro.

Los trabajos, que se iniciarán en breve e incluirán la rehabilitación del carro utilizado para la botadura de buques desde Ondartxo, tendrán un coste cercano a los 440.000 euros, de los que 240.000 serán aportados por la Autoridad Portuaria y el resto por la Diputación guipuzcoana y el Gobierno Vasco a razón de 100.000 euros cada institución.

Singularidades de la draga La nave fue construida en los astilleros Euskalduna de Bilbao, donde tuvo lugar su botadura el 3 de noviembre de 1933. Es una draga de 60 metros de eslora del modelo "rosario", llamado así debido a la escala que soporta una cadena sin fin que porta los cangilones o cazoletas de acero que excavan los fondos a la vez que extraen los sólidos que se quieren limpiar.

Buen destacó que el casco del barco es de acero con chapas remachadas y no soldadas, un caso casi único en la costa cantábrica. De hecho, la única draga de similares características en Euskadi está en Bizkaia pero no está declarada bien cultural.

Los trabajos La restauración está siendo dirigida por un ingeniero de la Diputación y otro de la Autoridad Portuaria. Según informó Miguel Buen, se adjudicarán los trabajos a distintas empresas en función de sus características. Lo más inminente será la colocación del rosario de cangilones y el traslado de las dos grandes ruedas dentadas que, con 22 toneladas de peso cada una, servían para mover la cadena. Dichas piezas descansan en un almacén del puerto. Los motores de la draga, en cambio, obran en poder de la Diputación, que los cederá para su exposición "en algún espacio" de La Herrera.

También se refirió a la necesaria recuperación de los elementos metálicos, al saneamiento de la pintura -que será especial para proteger el casco-, y a la reparación de la chapa, muy deteriorada. No podrá recuperarse la antigua grúa de la embarcación, que desapareció sin que se conozca su paradero. Aranburu descartó construir una reproducción de la grúa porque "la restauración debe ser fiel al original".

Visitas La diputada de Cultura cifró en cinco meses la duración de las obras, que comenzarán "de inmediato", como muy tarde, en marzo. Que la draga sea visitable es sólo cuestión de tiempo y de ver cómo encaja en el Centro de Conservación de Patrimonio Naval que la Diputación abrirá en Ondartxo a partir de Semana Santa y del que dará más detalles la próxima semana. Buen sí apuntó que las bodegas se cerrarán para evitar riesgos y que la única zona accesible será probablemente la cubierta, a la que "no podrán subir grandes grupos" porque el barco tiene una altura de unos diez metros.

Cuando la draga Jaizkibel despierte de su letargo de un cuarto de siglo, la ya de por sí hermosa bocana del puerto contará con un atractivo más que asombrará a propios y extraños.









11 febrero 2010

Rescoldos fotográficos de 2009 (II): Thee Brandy Hips



Son todo amor

El año pasado fue el de su primer álbum oficial, We Are Love, que a partir de la próxima semana estará disponible también en edición de vinilo. Thee Brandy Hips, que a finales de diciembre compartió cartel con Miguel Costas y We Are Standard, acaban de remozar su web. Si accedes a ella puedes bajarte el disco, aunque tendrás ocasión de comprobar lo bien qué suenan en directo el día 27 de este mes en la FNAC de Callao (Madrid) y teloneando a los Rumble Strips el 13 de marzo en Gazteszena (Donostia). Antes de todo ello, quizá ofrezcan algún concierto sorpresa.


























05 febrero 2010

Relato


Como en las últimas semanas los conciertos escasean y como este humilde servidor fue cuentista antes que fotero, una curiosa y sabrosa anécdota publicada en el blog del amigo Eric, irundarra afincado en Filipinas, ha servido de inspiración para darle a la tecla y perpetrar el siguiente relato. La foto que acompaña al texto es, en esta caso, obra del propio Eric el Vikingo... ¡Gracias!


¿Puedes ser mi amigo?

Juan G. Andrés ©

El teléfono móvil vibra estentóreamente en la mesilla de noche y perturba el sueño de Eric San Juan: nuevo mensaje de texto. Con el único ojo que logra abrir comprueba que el reloj marca las nueve de la mañana. Parece tarde, pero no lo es tanto si se tiene en cuenta que anoche trabajó hasta última hora. En la agencia de noticias le encargaron cubrir la procesión del Cristo Negro de Quiapo, un desfile tradicional por las calles de Manila en el que participan casi dos millones de individuos; son devotos que escoltan la imagen de un nazareno tallado en México al que atribuyen poderes milagrosos desde su llegada a Filipinas hace cuatro siglos. El tumulto fue tal que un ataque cardíaco terminó con la vida de un hombre de 42 años y otro de 40 falleció aplastado por la turba tras caer de la carroza en la que transportaban la talla. El cristo no debía tener demasiadas ganas de obrar milagros…

Eric querría seguir durmiendo porque es domingo y el cuerpo le duele como si una muchedumbre de costaleros hubiera desfilado sobre sus riñones, pero la vibración del inoportuno teléfono le ha desvelado. Coge el móvil, pulsa algunas teclas con actitud autómata y lee. “¿Puedes ser mi amigo?”, reza en inglés el nuevo sms que, según confirma al abrir el otro ojo, está enviado desde un número desconocido. Recuerda que al poco tiempo de llegar a Filipinas alguien le habló de la costumbre que los habitantes del país tienen de enviar sms a números elegidos al azar para buscar amistades espontáneas. Entonces pensó que era un cuento chino (o más bien filipino), aunque ahora que le ha ocurrido a él decide otorgar más crédito a tan disparatada costumbre.

Mientras degusta el desayuno, tiende la colada y se prepara para salir al encuentro de Carlos, se plantea muy seriamente la posibilidad de responder al mensaje. “¿Cómo te llamas?” “¿Eres hombre o mujer?” “¿Cuántos años tienes?” “¿Dónde vives?” Sin embargo, Eric San Juan frena ese primer impulso tan pronto como recuerda que desde que vive en Manila han intentado engañarle infinidad de veces con las mil y una variantes filipinas del timo de la estampita. Y abandona la casa rumbo a La Tienda, un restaurante español que visita frecuentemente para huir de su aversión a la comida filipina.

Su colega lleva hora y media de retraso y Eric, que hace treinta minutos decidió no esperarle para almorzar, termina de degustar su bacalao a la oriotarra. Pide un café al camarero e intenta contactar con su compañero de oficina Carlos, que es también su mejor amigo en Filipinas. No sólo no responde al teléfono sino que le corta la llamada. “Estará liado”, imagina. El móvil vuelve a vibrar al recibir otro sms. “Seguro que es Carlos disculpándose”, piensa equivocadamente. El mensaje proviene del mismo número desconocido de antes: “Me llamo Mark, ¿y tú? ¿Podemos ser amigos?” Eric San Juan abandona La Tienda sin responder al obstinado Mark. Seguro que es un gran tipo y probablemente podrían ser camaradas íntimos en otro contexto, pero eso de hacer amigos instantáneos no termina de convencerle.

Al día siguiente llega a la oficina y se cruza en el pasillo con Carlos, que pasa de largo sin ni siquiera mirarle. “Oye, por lo menos podías haberme llamado ayer. Estuve esperándote una hora en el restaur…”, le dice sin llegar a terminar la frase y siguiéndole apresuradamente hasta su despacho. “¿Se puede saber qué te ocurre? ¿Te he hecho algo para que no me dirijas la palabra?”, inquiere, desconcertado, antes de que su compañero le cierre la puerta en las narices y le espete un violento“¡Déjame en paz!”

El corazón le late a mil por hora. Eric toma asiento en su escritorio y enciende el ordenador. Siente una necesidad irrefrenable de contarle a Vanessa, su novia, la inexplicable reacción de Carlos. Necesita desahogarse y a esa hora siempre está conectada al Messenger. Cuando se dispone a iniciar la sesión del programa recibe un nuevo sms: “Soy Mark, estoy pasando una mala racha y sigo esperando tu amistad. ¿Ni siquiera me vas a responder?” Eric San Juan no da crédito al mensaje y piensa que la cosa está yendo demasiado lejos. Entonces decide escribirle: “Mark, te agradecería que no volvieras a escribirme. Tengo amigos de sobra, no necesito más”. Quizá ha sido un poco severo pero está nervioso y creía conveniente cortar por lo sano.

Accede al Messenger y Vanessa aparece conectada. “Cariño”, le escribe. “No sabes lo que me ha pasado con Carlos”, continúa de carrerilla. “Está enfadado conmigo, no me habla y no sé qué le he hecho”. Aguarda unos minutos para ver si ella redacta algo, pero no responde. “¿Vane? ¿Estás ahí?”, teclea mientras verifica que no hay ningún problema técnico. Se percata de que su novia aparece ahora desconectada, como el resto de sus contactos, y abandona el chat, desesperado. Su sorpresa es aún mayor cuando ve que le resulta imposible hablar con Vanessa durante el resto del día: aunque es la típica persona que no apaga el móvil ni para dormir, su buzón de voz no deja de repetir, como una letanía, que “el teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura en este momento”.

El mes avanza y Eric San Juan va siendo cada vez más consciente de que su único destino es la más dolorosa de las soledades. Vanessa continúa sin dar señales de vida e incluso su madre y hermano, que se comunican con él a través del correo electrónico tres o cuatro veces al día, llevan semanas sin escribirle. Los colegas de la cuadrilla de Irún no le cogen el teléfono ni contestan a sus mensajes y ya no le queda ni uno sólo de los 281 amigos que el mes pasado tenía en Facebook. Además, en la agencia de noticias donde mataba sus ratos libres y el gusanillo periodístico han prescindido de sus servicios sin previo aviso.

Es lunes. El ascensor, un aparato que parece aquejado de fatiga crónica, asciende lentamente a la planta donde se encuentra su oficina. Se fija en el panel donde aparecen los botones con los números de los pisos. Falta uno. Del doce pasa directamente al catorce, el de su centro de trabajo, que en realidad es el trece, pero los filipinos son tan supersticiosos que lo evitan. Sale del ascensor y cuando se dispone a entrar a la oficina, el guardia de seguridad le cierra el paso con muy malas formas. No entiende qué ocurre, porque hasta hace poco ese gigantesco individuo mostraba una amabilidad tan grande como su talla. “Me ordenan que le diga que ya no es bienvenido aquí”, cree entenderle.

Eric San Juan regresa al ascensor y se seca las manos contra el pantalón. Está empapado en sudor, le tiembla todo el cuerpo. Ya es oficial: está solo en el mundo. No queda nadie sobre la faz de la tierra con quien pueda hablar o entablar comunicación. Aunque quizá exista una brizna de esperanza. Sin saber muy bien por qué, al sacar su móvil del bolsillo se acuerda del Cristo Negro de Quiapo y se encomienda a él entre risas nerviosas. Entonces recupera el número de Mark y decide telefonearle. Primero no descuelga el teléfono y después, en sucesivas intentonas, la única persona a la que aún puede brindar su amistad le corta las llamadas. Confía en que sólo cuestión de tiempo que le atienda. “Quizá un sms sea más efectivo”, piensa. “Hola, Mark. Me llamo Eric. ¿Puedes ser mi amigo?”, escribe. Y pulsa el botón de “enviar”.

01 febrero 2010

Muere J.D. Salinger


El último 'bartleby'

La muerte de J.D. Salinger nos sorprendió en la redacción del periódico bien entrada la tarde. En cierto modo, fue -alguien lo ha escrito estos días- como si hubiera fallecido un cadáver. Varios compañeros pensaban que estaba muerto hace tiempo y nuestros jefes -ay, los jefes- no mostraron al principio mucha intención de destacar la noticia en primera plana.

La suerte de escopeta de feria que tengo por memoria me impide acordarme de si leí El guardián entre el centeno en EGB o en los primeros años de instituto. Sin embargo, sí creo recordar que, aunque el personaje de Holden Caulfield me impactó, el libro no cubrió las expectativas que me había formado a través de las loas de quienes me lo recomendaban con tanto fervor -algunos de sus Nueve cuentos tampoco me dejaron un recuerdo imborrable-. Tal vez sea un buen momento para releer la inmortal pieza literaria que, cual acné juvenil, ha marcado infinidad de adolescencias desde hace más de medio siglo, pero me da la impresión de que, como ocurre con ciertos artistas, ellos mismos y sus experiencias vitales son más grandes que su propia obra.

En los tiempos que corren, resulta insólito que alguien decida apartarse del mundanal ruido y escribir sólo para sí mismo. Todo apunta a que Salinger ha seguido creando, aunque habrá que esperar mucho tiempo para que sus inéditos vean la luz. O no: porque siempre puede surgir el típico allegado-traidor (especie abundante en familias con celebridades) con prisa por hacer caja haciendo caso de las últimas voluntades del difunto... En breve proliferarán las reediciones de sus libros e incluso hay un documental sobre su figura a la vista. Personalmente, prefiero seguir sin conocer los verdaderos motivos de su negativa a publicar porque ese desconocimiento espolea mi imaginación.

Enrique Vila-Matas escribió hace ahora diez años un recomendable e instructivo libro, Bartleby y compañía (2000). Manteniendo su habitual tensión entre ficción y realidad, el autor efectuaba una especie de rastreo de escritores como Juan Rulfo, Rimbaud o el propio Salinger, que en un momento determinado de sus vidas decidieron no escribir/publicar. El título es un claro homenaje al relato de Melville, Bartleby el escribiente (1853), protagonizado por un enigmático personaje al que siempre que se le encarga realizar un trabajo o contar algo sobre su vida, responde: "Preferiría no hacerlo".

Salinger, claro está, también prefirió no hacerlo.


NOTA: Podéis leer aquí el fragmento sobre Salinger que Vila-Matas incluye en Bartleby y compañía, y aquí el bellísimo comentario-obituario de mi compañera y amiga Ruth Pérez de Anucita que publicamos en el periódico.