29 abril 2011

Concierto de The Dodos + Evols en Donostia


Rock es rock

Fecha y lugar. 27/04/11. Sala Gazteszena. Donostia. THE DODOS.Meric Long (guitarra y voz), Logan Kroeber (batería y coros), Joe Haener (guitarra). EVOLS. Carlos Lobo, França Gomes y Nuno Santos (guitarras y voces).

GAZTEMANIAK brindó el miércoles una inmejorable oportunidad de cambiar el cada vez más tedioso "fútbol es fútbol" por un muchísimo más atractivo "rock es rock". El interesante programa doble de Gazteszena comenzó con la bacanal ruidista de Evols, un trío de Oporto que tiró de psicodelia de la buena para presentarse en sociedad con una música árida, turbadora y francamente deslumbrante. Además, los tres guitarristas -¡tres!- se entregaron al mantra y a la distorsión en la penumbra, con la única luz que proporcionaban unas proyecciones de lo más velvetianas.



A la cabeza del cartel, los californianos The Dodos mostraron su último disco, No Color (2011), con otra pistonuda sesión de ritmo y estrépito primario bombeada por el latido de la batería del carismático Logan Kroeber. En ocasiones, su contundente pegada ahuyentó las melodías esbozadas por su compinche, el vocalista y guitarrista Meric Long, y apuntaladas por el agregado Joe Haener, que rasgó las seis cuerdas casi sin moverse del sitio. Con todo, el directo fue vibrante, rotundo y muy divertido. Esto sucedía mientras los televisores del imperio retransmitían el enésimo choque entre los cachorros de Mou y los de Guardiola. Ajenos al muy banal ruido (futbolero), un grupo de irreductibles y gozosos melómanos resistía todavía y siempre al balompié...


25 marzo 2011

Concierto de Neil Hannon en Donostia

El primero de la clase

Fecha y lugar. 23/3/2011. Teatro Victoria Eugenia. Donostia.Intérprete. Neil Hannon (voz, piano, guitarra). Incidencias. El concierto duró hora y media.

OCHO meses después de su visita a la Zurriola en el Jazzaldia, Neil Hannon se reencontró con su público en la intimidad del Victoria Eugenia, un espacio espléndido para la puesta en escena de un espectáculo que tuvo un divertido componente actoral. Sirvió su café norirlandés en solitario, sin el bombín ni los anteojos que lució en julio pero ataviado con impecable traje y corbata. A su lado, una copa que desde la fila nueve parecía de agua y no de vino, pese al cierto aire etílico de sus bromas y comentarios jocosos.

Tras advertir que llevaba tres meses sin tocar en directo, empezó sentado al piano con piezas como In Pursuit of Happiness, Diva Lady oI Like. En los primeros compases olvidó algunos versos y cometió varios errores, pero el público no se los reprochó por lo airoso que salió de todos ellos y porque el músico de Derry tiene clase hasta para confundirse. Pareció entrar en calor con Mastermind y To Die a Virgin, los dos primeros temas que cantó con la guitarra acústica y que realzaron su irresistible y fina ironía. Luego regresó al teclado para abordar parte de su último álbum, Bang Goes The Knighthood (2010), del que ofreció, entre otras, la ácida y actual Complete Banker y la bailonga At the Indie Disco, esa crónica del jueves noche en la que conviven citas a Morrisey, Pixies, The Cure y New Order.

Atravesado el ecuador, la estremecedora interpretación de A Lady of a Certain Age se convirtió en el cénit de la velada e hizo desear a la audiencia que Neil hubiera utilizado más la guitarra. Él prefirió centrarse en el piano de cola, tal vez para dar mayor relieve a unas canciones que en los discos de The Divine Comedy están llenas de exquisitas orquestaciones pero que en directo, desprovistas de arreglos, parecen melodías de night club, pasajes de musical de Broadway o tonadas de chansonnier francés. En el fondo de su música, sin embargo, late un soberbio pop; desenfadado, informal y nada presuntuoso, pero pop mayúsculo, melancólico unas veces, luminoso otras. Como el contenido en Our Mutual Friend, A Woman of the World o Tonitght We Fly, que cerró la actuación. Minutos antes había salido corriendo al camerino en busca de la letra de Everybody Knows, que le permitió facturar una bonita y desnuda versión de Leonard Cohen. Como buen caballero, dedicó Life on Earth a la memoria de Liz Taylor. Un tipo gentil, el primero de la clase. Y de la distinción.



20 marzo 2011

Concierto de Triz3ps en Donostia


Musculosoul

Fecha y lugar. 18/3/2011. Club del Victoria Eugenia. Intérpretes. Javi P3z (voz y guitarra), Alberto Bosch (bajo y coros), Oriol Flores (batería), Mikel Azpiroz (teclados y órgano Hammond), Luis Camino (percusión). Incidencias. Lleno total. El concierto duró sólo una hora.


EL
pasado sábado Javi P3z llenó el Club del Victoria Eugenia en la puesta de largo de su proyecto, Triz3pz (léase tríceps), el trío de soul completado por Alberto Bosch y Oriol Flores que, en directo, se transformó en elegante quinteto. El objetivo, según el programa de mano facilitado en la entrada, era presentar "diez nuevas canciones emocionales relacionadas con el tiempo pretérito, que impregna el presente y condiciona el futuro".

Esa idea del pasado la ejemplificó a la perfección un reloj que avanzaba hacia atrás en el tiempo pero, sobre todo, el sonido que emana de este incipiente combo que no esconde su deuda con Curtis Mayfield y suena clásico y moderno al mismo tiempo. El falsete y la guitarra de P3z casaron ejemplarmente con la fresca mixtura soul-funk que Bosch y Flores apuntalaron con el bajo y la batería. El correoso Hammond de Mikel Azpiroz y las percusiones de Luis Camino aportaron groove y sabrosura a un estupendo manojo de temas bailongos, medios tiempos y baladas. Pretérito, Venüs, Trifünka y Andrómeda, entre otros inéditos, convivieron con antiguos temas de Parafunk como Boutique y Baile. Un pretérito perfecto.

Una sola pega. El concierto se limitó, por lo breve del repertorio, a una hora escasa. Cabe desear que en los próximos meses Triz3ps ejercite su musculoso soul, amplíe el repertorio y ofrezca actuaciones de mayor duración, quién sabe si con el abrigo de esa sección de viento que P3z parecía echar tanto de menos en los pasajes más sudorosos de la función.


10 marzo 2011

Concierto de Ólöf Arnalds


Ampliando el glosario islandés

Fecha y lugar. 08/03/2011. Club del Victoria Eugenia. Donostia.Intérprete. Ólöf Arnalds (voz y guitarras). Incidencias. Aforo completo.

¿QUÉ sabe usted, querido lector, acerca de Islandia? Probablemente que el país tiene la mitad de habitantes que Gipuzkoa, que su capital es Reikiavik, que hace un frío del carajo, que su artista más internacional es la excéntrica Björk y que el año pasado un volcán situado al sur de la isla, el impronunciable Eyjafjallajokull, entró en erupción y puso en jaque a medio mundo. Si el martes se hubiera acercado al Club del Victoria Eugenia, habría aprendido usted una cosa más: que la cantante que responde al nombre de Ólöf Arnalds va camino de convertirse en uno de los epígrafes a anotar en el reducido glosario islandés.

Björk, su madrina artística, ha situado su voz “en algún lugar entre una niña y una anciana”. Y ésa es, precisamente, su mayor virtud: una aguda y personalísima tesitura puesta al servicio de un estilo que transita entre el folk y el pop, con momentos de exótica belleza, emparentados con la tradición de su país o incluso con el canto de las óperas cantonesas. Emocionó a capella y con sus tres guitarras –una de ellas minúscula, similar a un ukelele–, actuando en inglés o en islandés. Una apuesta tan extraña y minimalista quizá empalagó a un sector del público, aunque en general Ólöf gustó con sus temas sobre Islandia, sus hermanas, un coche loco y Madrid. En el apartado de versiones sorprendió con Maria Bethania, de Caetano Veloso, y con I’m on Fire, de Bruce Springsteen.


27 febrero 2011

Blue bluesman, un cuadro de Jon Arza

El bluesman azul

Ayer me dieron el que quizá sea el regalo más bonito que me han hecho nunca. Mi amigo Jon Arza me telefoneó con el falso pretexto de que necesitaba mi ayuda para bajar un mueble del trastero. Cuando subí las escaleras me encontré con este impresionante cuadro esperándome: un guitarrista negro actuando en un gran lienzo de 2 metros de largo por 1,35 de ancho. "Ahí tienes tu mueble", me dijo Jon mientras yo trataba de evitar que los ojos se me salieran de las cuencas.

Siempre había soñado con tener uno de esos músicos como compañero de piso, pero hace diez años, cuando Jon me ofreció cualquiera de los que guardaba en su trastero, yo no tenía pared donde colgarlos porque aún vivía en casa de mis padres. Cuando por fin llegó independence day resultó que los lienzos de mi amigo estaban ya repartidos y que él había dejado de pintar en formatos grandes. Afortunadamente, diez años después ha vuelto a mancharse las manos para crear una poderosa y colorista obra de esas que te permiten pasar horas observando sin dejar de descubrir nuevos matices, que es lo que yo llevo haciendo desde hace 24 horas.

El regalo, por tanto, es doblemente feliz: por un lado, por la ilusión que me hace este maravilloso cuadro que en unos días colgará en mi salón, y por otro, porque Jon ha vuelto a pintar, que es la actividad con la que más disfruta. Más incluso que con la escritura de ficción o el diseño, campos en los que es igualmente deslumbrante como pronto se descubrirá en la página de Sarcasmoon, su firma de imaginativas camisetas que en breve renovará la web. Mientras se seca el traje del bluesman azul (Blue bluesman es el título provisional) y éste se instala en mi casa, os dejo con algunos detalles del cuadro que permiten disfrutar mejor de él.

¡Eternamente agradecido, amigo Jon!

Esta vista general del trastero sirve para hacerse idea de las dimensiones del cuadro.

El rostro del guitarrista, pintado en expresionista clave goyesca.

El traje del guitarrista, tela encolada y pintada de azul, sobresale poderosamente del lienzo, dándole un relieve especial.

Restos de papel de periódico en la caja de la guitarra.

En algunas partes del cuadro se conserva el bosquejo inicial del cuadro.

Mi parte favorita del cuadro: el mástil de la guitarra se convierte en una explosión de música, con corchea incluida.

Las texturas de pintura enjabonada hacen que algunas partes parezcan pinturas abstractas que podrían funcionar como obras independientes.

Esta vista general del trastero sirve para hacerse idea de las dimensiones del cuadro.

La técnica empleada es tan mixta que incluso se pueden apreciar cáscaras de huevo en la cara del guitarrista.

El lienzo conserva marcas y texturas de una pintura que albergó hace muchos años y que se titulaba 'Naturaleza muerta en reposo'.

Colocado en el salón, el cuadro ha quedado así de majestuoso.