09 febrero 2009
Concierto de Mogwai en el Kursaal
Ábrete de orejas
Fecha y lugar. 7/02/2009. Donostia. Sala de Cámara del Kursaal. Mogwai. John Cummings (guitarra, teclados, ordenadores), Stuart Braithwaite (guitarra), Martin Bulloch (batería), Barry Burns (guitarra, teclados, ordenadores), Dominich Aitchison (bajo). The Errors. James Hamilton, Stephen Livingstone, Greg Paterson y Simon Ward. Incidencias. Todas las entradas estaban vendidas desde hacía varios días. The Errors ejercieron de teloneros durante tres cuartos de hora, hubo un descanso de 30 minutos y la actuación de Mogwai casi alcanzó las dos horas.
UNA apisonadora musical llamada Mogwai acaba de arrasar en varias ciudades españolas. El sábado pasó por Donostia y reventó -literal y figuradamente- la Sala de Cámara del Kursaal, lo cual no deja de sorprender a juzgar por los ritmos que facturan, pues no hacen, como reza el título de uno de sus discos, "música feliz para gente feliz". Más bien cabría decir que su oscura propuesta post-rock no es apta para todos los públicos y que para disfrutar de ella se recomienda una cierta apertura de orejas. Aunque ello implique introducir más decibelios de la cuenta en los pabellones auditivos del respetable.
La fama de su descarnado directo precede a los escoceses y por si las moscas algún espectador llevó tapones para los oídos. La cosa, sin embargo, no pasó a mayores. La ejemplar acústica de la sala reprodujo de manera excepcional la potencia que la banda liberó de su arsenal de amplificadores y sólo rozaron el umbral del dolor en los temas de la traca final, Like Herod, Batcat, New Paths To Helicon (part I) y We're no here. Antes habían repasado buena parte de su último álbum, The Hawk Is Howling (2008), y piezas sueltas de Mogwai Young Team (1997), Come On Die Young (1999), Happy Songs for Happy People (2003) y Mr. Beast (2006).
Decir que la música es algo vivo puede resultar una perogrullada, máxime si nos referimos a música interpretada en directo. Sin embargo, tal afirmación cobra un sentido más revelador y orgánico en el caso de Mogwai, cuyas canciones parecen seguir un ciclo vital similar. Suelen nacer tranquilas e inofensivas, con una intro de guitarra o piano que muta en un prometedor crescendo, y en su adolescencia la canción se revela descarada, imprevisible, hasta vivir una madurez llena de estallidos y bucles de rabia sónica -con quiebros y requiebros, clímax y anticlímax- e imponentes muros de guitarra que sólo se aplacan cuando la composición envejece y nuevamente se torna dócil.
Escuchar a Mogwai es vivir el ruido como experiencia y asomarse a paisajes sonoros que unas veces rozan la estridencia y otras la delicadeza sublime. Su música sugiere estados de ánimo contrapuestos e invita al oyente a adentrarse en atmósferas densas y desasosegantes. Como las que el grupo de Stuart Braithwaite desplegó en Precipice, Scotland's Shame, I Love you I Want to Blow Up Your School o Hunted by a Freak, el único tema en el que hicieron algo parecido a cantar con efectos especiales incluidos.
El concierto concluyó en apoteosis, Mogwai abandonó el escenario en mitad de la distorsión y cuando encendieron las luces el silencio parecía ensordecedor.
MOGWAI
Donostia, 7/02/09
Precipice
Friend of the Night
Scotland’s Shame
Christmas Steeps
I Love you, I want to blow up Your School
Ithica
I’m Jim Morrison, I’m Dead
Hunted by a Freak
Thank you Space Expert
I Know you are but what Am I
Like Herod
Batcat
New Paths To Helicon Part I
We’re no here
Concierto de Antonio Vega en Donostia (crónica + entrevista)
De nieve, huracán y abismos
Fecha y lugar. 6/02/2009. Victoria Eugenia. Donostia. Intérpretes. Antonio Vega (guitarra, voz), Jorge D'Amico (guitarra), Alberto Zapata (guitarra), Luismi Baladrón (bajo), Basilio Martí (teclados), Toni Jurado (batería). Incidencias. El concierto fue grabado para la futura edición de un CD-DVD sobre la gira.
De nieve. Es poco habitual que grupos y solistas quemen sus grandes éxitos en los primeros minutos de una actuación, pero ésa es la táctica por la que optó Antonio Vega el viernes en un Victoria Eugenia que rozó el lleno. Muy seguro tiene que estar el músico madrileño de la solidez de todo su repertorio para ventilarse en la media hora inicial hits como Elixir de juventud, El sitio de mi recreo o Se dejaba llevar, tres de los más esperados por la audiencia. De ese modo trató de romper el hielo y caldear el ambiente sin necesidad de juegos preliminares, aunque lo suyo le costó conectar con un publicó rayano en lo gélido, que no terminaba de entrar en el concierto y que ni siquiera coreó el himno de Nacha Pop, La chica de ayer, el último de la noche. "¡Genio!", le gritaron desde la platea en más de una ocasión.
Huracán. La introspección de los primeros temas quedó desterrada cuando Antonio Vega y su habitual banda decidieron escorar el concierto hacia una vertiente mucho más eléctrica. Dice el artista que las próximas canciones que salgan de su pluma no tendrán tanto texto, sino que estarán forjadas a base de un mayor número de desarrollos musicales e instrumentales. Esa querencia por el rock cuasi sinfónico, con abundantes solos y progresiones dilatadas, se ejemplificó claramente en Donostia, donde creaciones como Océano de sol, Caminos infinitos, Lucha de gigantes o Lo mejor de nuestra vida sonaron enérgicas, cañeras y huracanadas, gracias al vendaval de decibelios desatado por las tres guitarras eléctricas que había en escena. Lástima que, al menos a las primeras filas, el sonido llegara un tanto distorsionado y en ocasiones apagara la voz de Vega.
Y abismos. La siempre evocadora figura del abismo puede funcionar como metáfora de una carrera salpicada de altibajos personales y excesos que han dejado marcas indelebles en su rostro y en su puesta en escena. Canta Antonio con la cabeza gacha, las greñas cubriendo sus ojos de animal asustado y una dicción manifiestamente mejorable. Y pese a todo, algo guarda en sus entrañas que, volcado al exterior, deviene en acontecimiento único y verdadero. Antonio Vega lleva tiempo sentado al borde del precipicio, sí, pero sus seguidores no tienen intención de dejarle caer. Pasan los años y permanecen a su lado, dándole apoyo y disfrutando del paisaje. Al fin y al cabo, los abismos carecerían de sentido si uno no pudiese asomarse a ellos para deleitarse con su peligrosa belleza.
"Quiero rodear mi trabajo de un halo positivo"
La gira de teatros de Antonio Vega recaló en el Victoria Eugenia de Donostia, donde actuó acompañado por Jorge D'Amico (guitarra), Alberto Zapata (guitarra), Luismi Babladró (bajo), Basilio Martí (teclados) y Toni Jurado (batería)
Probablemente, esta mañana el lacónico Antonio Vega se ha levantado con el pie izquierdo. Lograr que conteste a las preguntas con respuestas de más de diez palabras resulta una auténtica proeza. La suya es una de las plumas más personales y singulares del pop español, pero por teléfono su voz suena cansada, con pocas ganas de conversar sobre el pasado, el presente y el futuro. Avanza, eso sí, que en pocas semanas comenzará a ensayar los temas de su próximo álbum, el siguiente después de 3.000 noches con Marga , publicado en 2005 tras la muerte de su compañera.
¿Puede avanzar algo sobre cómo sonará el nuevo Antonio Vega?
Incluirá más desarrollos musicales e instrumentales, sin tanto texto. Tenderá un poco más hacia el sinfonismo.
¿Supondrá una vuelta de tuerca? Usted siempre le ha dado más importancia a la letra que a la música...
No, no será un cambio tan radical, sino un modo de proyectar mis temas de modo ligeramente distinto, de manera que haya menos sitio para el texto y más para la música. Quizá sea un legado más sinfónico.
Curiosamente, '3.000 noches' finalizaba con un tema instrumental. ¿Una especie de anticipo?
Quizá vayan por ahí los tiros. En ese disco había otros dos temas, Caminos infinitos y Cada sombra en la pared , que pueden ser una pista sobre lo que haré en el futuro.
Su último disco sorprendió a muchos por su luminosidad. Después de la muerte de su compañera, algunos esperaban un trabajo más oscuro.
Es posible que por un afán de superación y por la necesidad de afrontar las cosas, el disco acabara teniendo un tono positivo. Yo quiero que todo mi trabajo esté rodeado de un halo positivo y de posibilidades de triunfo. Eso es un reto para mí también, porque tengo que estar en forma físicamente, debo estar preparado para todo lo que venga.
¿Percibe el respeto del público que mayoritariamente le considera uno de los mejores compositores del pop español?
Por supuesto que se percibe, muy profundamente además. El público lo demuestra muy claramente y hay momentos de silencio sepulcral en los que apenas se oye respirar a la gente.
¿Cómo definiría su evolución como letrista?
He ido encontrando mi forma de escribir y de expresarme, de ordenar las palabras a la hora de contar y decir las cosas. Es importante, porque el castellano es un idioma difícil para escribir con soltura.
¿Cómo le resulta más 'fácil' escribir? ¿Desde el dolor o desde la felicidad?
De una forma u otra, no hay demasiada diferencia.
¿Y hay alguna canción de su repertorio que preferiría no haber escrito por la situación que la originó?
Todas para mí ocupan la posición de canción favorita, todas tienen algo especial para ser elegidas la mejor. Cada una tiene su mundo, su historia.
Las quiere a todas por igual.
Da la sensación de que hay canciones que siempre provocan más cosas, como Anatomía de una ola o El sitio de mi recreo . Son temas que parecen decir más de lo que dicen en realidad...
Y son principalmente los que la gente le pide con más entusiasmo. ¿No existe el peligro de cansarse?
En absoluto, todo lo contrario: me halaga mucho que me los pidan y siempre me apetece mucho tocarlos.
¿Pesa la etiqueta de autor maldito?
Siempre me he rodeado de amigos y mi sentido del humor siempre ha sido muy agudo. Nunca me he considerado un autor maldito. Todo lo contrario, soy una persona positiva a tope, aunque a veces en la vida ocurren cosas fuertes que te marcan. Pero también me han marcado cosas muy buenas.
¿No se ha planteado escribir un libro de poemas o de memorias?
Llevo un año escribiendo un libro de memorias, tengo mucho avanzado pero aún me queda bastante, porque trato de recordarlo todo, para que no se me pierda nada.
¿Es usted nostálgico?
Me gusta recrearme en el pasado pero siempre miro hacia adelante.
¿Cómo ha terminado su reciente 'vuelta al ruedo' junto a Nacha Pop?
Ha sido un poco extraño, porque aunque el público ha respondido muy bien y ha sido un reto volver a tocar nuestros temas, yo he tenido la sensación de estar aparcando un poco mi proyecto en solitario, y eso no me ha gustado mucho. Quiero seguir con mi carrera en solitario y no perder ni un solo minuto.
Los 80 llevan volviendo desde hace 15 años. ¿No resulta fatigoso ese insistente gusto por el 'revival'?
Pues sí, porque la verdad es que hay muchas cosas que hacer, muchas cosas nuevas por descubrir. Siempre he pensado que cualquier tiempo pasado no fue mejor y que los buenos tiempos están por llegar. Es una cuestión de trabajo y de fe.
06 febrero 2009
Concierto de Nach en Donostia (cronica + entrevista)
¡Esas rimas en el aire!
Fecha y lugar. 31/01/09. Gazteszena. Donostia. Intérpretes. Nach, ZPU y Abram, con DJ Joaquín. Incidencias. La velada arrancó con un la actuación del del colectivo de rimas locales 100% Gourmet.
RESULTA sorprendente a los ojos -y oídos- de un profano comprobar el tirón que el rap tiene entre la parroquia local. El sábado por la noche no cabía ni un alfiler en Gazteszena, que inauguró el circuito Donostikluba 2009 con el lleno absoluto que protagonizó el rapero Nach. Ocurrió lo mismo en otoño cuando la misma sala reventó gracias al concierto de Rafael Lechowski con Flowkolorikos. Y también entonces el público sorprendió por su entusiasmo y su extremada juventud. Ignacio Fornés Olmo, Nach, saltó al escenario con los espectadores ganados de antemano. Todos coreaban, no sólo sus viejos éxitos, sino también los más nuevos, aquellos incluidos en el aplaudido álbum Un día en Suburbia.
Durante dos horas vomitó sus ingeniosos versos escoltado por sus fieles escuderos, ZPU y Abram. "¡Esas manos en el aire!", gritaban mientras la masa, obediente, agitaba los brazos. "¡Ruido para mi hombre Abram!", clamaba Nach desatando la furia. La jerga que emplean los raperos puede sonar extraña a los no iniciados y las bases musicales sobre las que apoyan sus rimas pueden parecer más o menos atractivas. Lo que resulta innegable es el talento de algunos MC que escriben y recitan textos brillantes que en ocasiones -por qué no reconocerlo- alcanzan categoría literaria. De hecho, Luis Eduardo Aute dice que los raperos son "los nuevos cantautores". Nach, al menos, puede preciarse de serlo, gracias a algunas piezas como las divertidas Mil vidas o Quiz Show, la combativa Esclavos del destino, la ácida Infama o la emocionante Ángel, un homenaje del rapero a su fallecida hermana que le hizo derramar algunas lágrimas. El mago de la palabra se despidió en la cresta de la ola, con un tour de force titulado Efectos vocales, una auténtica proeza cantada con palabras que contienen una misma vocal. Faltó poco para que el local se viniera abajo...
Visto lo visto, quizá los programadores culturales deberían pensar que el hip hop, un estilo poco trillado en los espacios públicos, es un nicho de mercado sin explotar del todo.
"Los raperos relatamos lo que ocurre en el mundo sin tapujos"
El pasado sábado Nach inauguró el circuito Donostikluba con un concierto en la sala Gazteszena de Egia. Le acompañaron ZPU, Abram y DJ Joaquín
En su quinto disco, Un día en Suburbia , Ignacio Fornés Olmo, Nach (Albacete, 1976), ejerce de guía en un viaje de un día por la ciudad. "Acompaño al oyente para ver determinados sitios y sentir diferentes estados de ánimo, desde que amanece y hasta que anochece. Hay mucha variedad de temas, registros, velocidades y energía. Algunas canciones son bastante vertiginosas, como Amanece o El juego del rap , y otras son más reflexivas, como Nada ni nadie o Ángel ", asegura.
¿Por qué ha optado de nuevo por un disco conceptual en el que queda patente su gusto por contar historias?
Cuando hago un disco me gusta crear un universo entero, algo que tenga un principio y un final, para que quien acceda a ese mundo entre en él de lleno. Me gusta que aunque los temas de un álbum sean diferentes puedan habitar dentro de un todo. Igual que ocurría en mi anterior trabajo, Miradas (2005), aquí todas las canciones también tienen algo en común, están unidas por un hilo conductor.
¿Y existe Suburbia?
Es una ciudad imaginaria que tiene un poco de varias ciudades reales, sobre todo de la mía, Alicante. Aunque también hay cosas de Madrid, Barcelona y París. Es un collage de todos los sitios por los que he pasado.
Algunos le critican por hablar en sus letras de unos bajos fondos en los que no ha vivido. ¿El rapero sólo puede escribir sobre lo que conoce?
No se trata sólo de lo que vivas, sino también de lo que veas. Puede que no haya vivido en el peor barrio de España, pero tampoco he vivido en el mejor. Uno ve cosas en su propio barrio o en el de más allá y reacciona. En el rap no hay que limitarse y yo saco fuera de mí todo lo que llevo dentro. Sinceramente, creo que si no me estuviera yendo bien en la música no habría recibido esas críticas. Mucha gente escucha con prejuicios los discos de la gente que tiene éxito.
"Mi papel en la vida es poner la vida en el papel y acudo a él como terapia". ¿Cuánto hay de cierto en ese verso que recita en el disco?
Es absolutamente cierto. Escribir me sirve de terapia, es un modo de evadirme, de disfrutar y eliminar malas energías. Sobre todo escribo para mí y si la gente se identifica con ello me parece genial.
¿Su mayor reto como rapero?
(Risas) No tengo ni idea. No me planteo retos a largo plazo, sino seguir disfrutando y viviendo experiencias. Ahora tengo la oportunidad de conocer muchos sitios y gente que no conocería si no me dedicara a esto.
Pero usted afronta retos concretos. En su último disco, por ejemplo, canta un tema utilizando sólo palabras que tienen la misma vocal...
Sí, bueno. Fue un reto divertido además... Empecé a escribir en el teléfono móvil palabras que llevaban la misma vocal y cree frases con ellas. Cada uno busca formas de ir a más, de superarse, hacer cosas nuevas...
Luis Eduardo Aute dice que los cantautores de hoy en día son los raperos. ¿Qué le parece tal afirmación?
Me parece genial. Que alguien como Aute nos reconozca como cantautores me parece un halago. Y algo de razón tiene. Los raperos relatamos las cosas que ocurren en el mundo sin tapujos, volcamos nuestras sensaciones sin caer en la fórmula ni en la banalidad. Mantenemos la esencia de esa pureza de sentimientos y la transmitimos.
¿Usted se ve a sí mismo como poeta o escritor?
No me lo planteo. Algo de eso tendré porque mi motivación principal está en escribir cosas. Si alguien me quiere llamar poeta o escritor, que lo haga, pero yo no me defino así. Sólo soy un nota que se dedica a hacer lo que más me mola, que es escribir en un papel y escupirlo delante de un micro.
Es asombrosa la cantidad de ideas que vierte en sus canciones. Sólo en uno de sus temas hay más texto que en discografías completas de muchos artistas.
(Risas) ¡Es verdad! Somos un poco obsesivos con el hecho de sacar ideas y frases nuevas. A veces miro todas las letras de un disco y digo: "Madre mía, ¿esto lo he escrito yo en dos años?".
¿Y nunca ha tenido miedo a quedarse 'vacío' de ideas?
Cuando termino un disco suelo pensar: "¿Ahora de qué hablo?" Pero pasa el tiempo y surgen más ideas que luego recojo en un disco. En los conciertos digo miles y miles de palabras. ¿Cómo me acuerdo? Porque todo tiene una musicalidad y una frase me lleva a la otra. Estamos acostumbrados a trabajar así porque llevamos toda la vida haciendo letras de tres folios y rapeándolas de golpe. Es sólo una cuestión de práctica.
05 febrero 2009
Homenaje a Playmobil
'padre' de los 'clicks'
Observen al señor de la foto superior. ¿No tiene cara de buena persona? Pues probablemente lo fue. Quien escribe estas líneas no tuvo el placer de conocerle pero sí de disfrutar durante horas, meses y años de la gran obra de un diseñador alemán, Hans Beck, que murió la semana pasada tras una larga enfermedad y una vida consagrada a la felicidad de los más pequeños. Se le considera padre de los clicks de Playmobil, esos muñecos de juguete que desde finales de los 70 han habitado en cajas y estanterías de miles de cuartos de niños de todo el mundo.
Mi niñez, como la de otros muchos, está plagada de recuerdos ligados a esos seres diminutos de sonrisa indeleble: la noche en que los Reyes Magos echaron el ancla del barco pirata en la puerta de mi habitación y la tarde de júbilo en la que jugué con él en la bañera; los días de verano en compañía de mi amigo Javi en casa de mis abuelos Teo y Agapita, donde cualquier rastro de arena se convertía en una senda polvorienta del oeste americano por la que circulaba la diligencia Wells Fargo; los torneos que mi hermana Esther, mi prima Iratxe y yo celebrábamos en torno al castillo medieval... Sólo guardo en mi memoria una anécdota agridulce relacionada con los clicks y que, rescatada hoy, me parece de lo más tierna. Jamás perdoné a los Reyes que me trajeran el fuerte de Playmobil con un solo soldado del séptimo de caballería. ¿Dónde estaban los demás? ¿Y los indios? ¿Cómo demonios iba a jugar yo sin la posibilidad de originar un conflicto? La espera fue un infierno que se tranformó en júbilo cuando días después llegaron los indios y arrasaron el fuertes con sus flechas y sus lanzas. Porque en mi mundo infantil los buenos eran los indios y los malos los vaqueros que, según me decía siempre mi padre, habían invadido las tierras donde los indígenas, masacrados y vejados, habían vivido siempre. Por eso, yo solía coger a los soldados, les ponía pequeños apliques de plastilina en el pecho, en la cabeza y el cuello, y los asaeteaba con maldad de niño.
Con los Playmobil -o Famobil, porque así se llamaba la marca que la firma alemana creó en España junto a la empresa Famosa para distribuir sus juguetes en los años 80- no había reglas y el anacronismo era algo tan habitual como divertido. ¿Por qué no iba a viajar un soldado americano en una nave corsaria? ¿No podía una ambulancia moderna atender a los heridos de una refriega entre indios y vaqueros? En ocasiones, incluso, mis clicks llegaron a compartir juegos con personajes de Star Wars o de Masters del Universo. ¡Viva el mestizaje! El límite estaba siempre en la imaginación de cada cual. Y hablando de imaginación: alguna vez he pensado que mi gusto por la ficción pudo verse espoleado por las largas horas que pasé inventando historias en compañía de estos pequeños seres...
Pues bien. En junio del pasado año visité Berlín por primera vez. Uno de los momentos más curiosos del viaje fue el vivido en el mercadillo de Tiergarten, uno de cuyos puestos estaba dedicado íntegramente a los Playmobil. Como puede verse en la imagen que encabeza estos cinco párrafos, cientos de clicks de distinta clase y condición yacían en una gran mesa, mezclados unos con otros, como si fueran los restos de una cruenta batalla entre distintos momentos de la historia... La imagen podía parecer un tanto desoladora a los ojos de un adulto, pero en realidad no lo era: bastaba con observar las felices caras de los niños que escudriñaban entre los juguetes en busca de nuevos muñecos que incorporar a su colección.
Estas pocas fotos son mi particular y humilde homenaje al fallecido Hans Beck, un inventor cuyo nombre desconocía hasta hace dos días y al que me gusta imaginar despidiéndose de los suyos con una amplia sonrisa. La misma que dibujó en el rostro de las miles de criaturas que alegraron -y alegran- la infancia de millones de niños de todo el planeta.
03 febrero 2009
Concierto de Paco Ibáñez en Donostia (crónica + reportaje)
Fecha y lugar. 30/01/09. Teatro Victoria Eugenia. Donostia. Intérpretes. Paco Ibáñez (guitarra y voz), César Strosccio (bandoneón), Mario Mas (guitarra), Pep Pascual (efectos), Roqui Albero (ciscornio), Joxan Goikoetxea (acordeón). Incidencias. Al modo de prólogo se proyectó el vídeo Apakintza bai , donde Bernardo Atxaga glosa la infancia de Paco Ibáñez en el caserío Apakintza de Aduna.
ACTUÓ sobre una alfombra colorada y vistió atuendo oscuro en una combinación de colores -rojo y negro- que no parecía casual. Tampoco lo fue su primer saludo, puño y guitarra en alto. Se equivocó quien pensó que Paco Ibáñez estaba solo sobre el escenario, pues con él -y en él- habitan desde hace décadas algunos de los poetas más impresdincidbles de todos los tiempos. Comenzó con las Coplas a la muerte de su padre de Jorge Manrique y una tonada "ecológica" de Antonio García Teixeiro. El romance Abenamar y una sencilla canción de cumpleaños desembocaron en Déjame en paz , de Góngora, y un tema de maravilloso estribillo, Me lo decía mi abuelito , de José Agustín Goytisolo.
Hijo de valenciano y de guipuzcoana, Ibáñez abrió las puertas de su peculiar torre de Babel donde sólo un idioma está proscrito, el inglés, "la lengua del imperio". Entonó Bihotza , de Xabier Lete, y el euskera irritó a un par de espectadores intolerantes que quisieron sabotear la velada. Paco capeó el temporal con ingenio, invocando a Mikel Laboa y recomendando a los alborotadores irse "a tomar… un café". Joxan Goikoetxea prestó las melodías de su acordeón a Heriotzaren begiak , la traducción que Lete hizo del poema de Pavese Vendrá la muerte y tendrá tus ojos . Después de la tradicional Pello Joxepe , el guitarrista Mario Mas escoltó al vocalista en uno de los momentos más redondos del concierto, el centrado en el álbum Paco Ibáñez canta a los poetas andaluces (2008). Ya de por sí hermosos, los poemas de García Lorca No te pude ver , La romería , Córdoba y Canción del jinete sonaron aún mejor gracias a los arreglos de corte flamenco.
Lloró el bandoneón, las oscuras golondrinas de Bécquer sobrevolaron el patio de butacas y resonaron ecos de los veinte poemas de amor y la canción desesperada de Neruda. Acto seguido interpretaron Silencio , de la argentina Alfonsina Storni, y regresaron a Lorca con El romance de la luna, luna y Yo vuelvo por mis alas , embellecida con efectos acuáticos y viento de ciscornio. Abordó El prisionero , de Luis Cernuda; Nos queda la palabra , de Blas de Otero; y Chove , una letra de Celso Emilio Ferreiro que ofreció en gallego antes de atreverse con el italiano y cantar en francés unos versos de Louis Aragon musicados por Brassens.
Practicó el sermón mitinero , galopó casi desbocado por la senda de la incorrección política y el público perdonó -e incluso celebró- sus excesos verbales. Esta vez no criticó a Kepa Junkera -cuyo disco Etxea , subvencionado por el Gobierno Vasco, ha tachado de "vergüenza para Euskadi"-, pero sí zumbó , entre otros, a Bruce Springsteen y a Bob Dylan. "Nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno", reiteró antes de recordar a Celaya con La poesía es un arma cargada de futuro . Prometió no actuar jamás en Urnieta porque sus responsables urbanísticos derribaron el caserío Berrezueta y entonó Triste bizi naiz eta , defendiendo el euskera con más ahínco que un viceconsejero de política lingüística. Por aclamación popular, el último poema de la noche fue Palabras para Julia , de Goytisolo.
Olvidó himnos contestatarios como A galopar , de Rafael Alberti, pero el respetable aplaudió acaloradamente a una de nuestras gargantas con mayor potencial evocador, un hombre que sigue en pie -y así, de pie, sigue cantando-, que sólo pliega las rodillas para apoyar la guitarra sobre ellas. Puede que el Victoria Eugenia no sea el teatro Olympia de París y que la voz de Paco Ibáñez no conserve la fuerza de hace 40 años. Algo hay, sin embargo, en su arte que permanece inmutable y ajeno al paso del tiempo: la grandeza literaria de unos versos que, musicados y cantados por él, se nos antojan aún más colosales.
Paco Ibáñez, sin pelos en la lengua
Un día antes de su primer concierto en Donostia, Paco Ibáñez quebró la monotonía que a menudo impera en las presentaciones culturales y protagonizó, quizá a su pesar, una de las ruedas de prensa más pintorescas de los últimos tiempos en Donostia. Antes de tomar la palabra, Ibáñez dio paso a un audiovisual que, presidido por la voz en off del escritor Bernardo Atxaga, dejó patentes los fuertes lazos que le unen a Euskadi. Y es que cuando tras la guerra su padre, anarquista, fue encerrado en un campo de trabajo, Ibáñez vino a Gipuzkoa y pasó parte de su infancia en el caserío Apakintza de Aduna, donde aprendió euskera, una lengua que aún continúa chapurreando con allegados como su primo el harrijasotzaile Iñaki Gorostidi.
junkera, el inglés y el euskera No tardó en mencionar a dos de sus poetas más queridos, Blas de Otero y Gabriel Celaya. De este último recitó, como si de un mantra se tratara, la célebre estrofa que reza: "Nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno". "Esa frase debería estar en todos los frontispicios, en los semáforos, en todas partes... Para que todos los ciudadanos la asimilen bien", aseveró antes de adentrarse en un inesperado jardín y arremeter contra el último trabajo de Kepa Junkera, Etxea , el primero de los tres discos que el Gobierno Vasco ha decidido subvencionar con 702.000 euros.
Paco Ibáñez confesó que el trikitilari vizcaino se puso en contacto con él para participar en el disco, en el que colaboran Víctor Manuel, Ana Belén, Loquillo, Andrés Calamaro y Lluis Llach, entre otros. "Yo me negué porque lo vi como algo superficial, como un disco puramente mercantil", aseguró, al tiempo que dijo no entender cómo los responsables culturales se han prestado "a ese juego no muy glorioso de vender Euskadi" con un proyecto donde "cantan todos menos los vascos". "Ahí también vale lo de Nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno . El disco de Junkera es una vergüenza para Euskadi", zanjó.
Un periodista preguntó entonces por sus actuaciones de Donostia. "Ah, sí, perdón. He ido del concierto al desconcierto", bromeó Ibáñez, que prometió cantar en español, francés, catalán, italiano, portugués y euskera. "¿Y en inglés?", inquirió otro informador. "Antes morir que cantar en inglés. No tengo nada contra la lengua de Shakespeare, pero es la lengua del imperio", aseguró.
Regresó al tema del euskera y pasó de meterse en un jardín a meterse en la selva cuando declaró que "un vasco que no habla euskera no termina de ser vasco". "Alguien que vive en Euskadi puede ir a una tienda, comprar una txapela y disfrazarse, ¿pero qué coño de vasco eres si no hablas euskera?", se preguntó, en clave combativa, tras recalcar que "el idioma es el alma de un pueblo".
También condenó el "silencio sepulcral" con que fue recibido en Euskadi el disco Oroitzen (1998), grabado en euskera con el difunto Imanol Larzabal. "No sé dónde están los responsables culturales vascos..."
Genio y figura.
