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19 marzo 2012

Feedback tuitero

Damien responde

Qué curioso. Publicas la crónica de un concierto en un periódico pequeño pensando que su repercusión será mínima pero gracias a Internet y a Twitter (o por su culpa) consigues algo que no te habías propuesto y que ni siquiera imaginabas que podría suceder: el artista responde. Anoche Damien Jurado reaccionó a un mensaje que me había enviado mi amigo Ricardo Aldarondo, que decía estar "muy de acuerdo" con la crítica aunque no salió tan decepcionado como yo del Victoria Eugenia (podéis leer su magnífica visión del concierto aquí).

Curiosamente, el estadounidense se explayó más en cuatro tuits que en todas las respuestas de la monosilábica entrevista por mail que nos remitió la semana pasada. Pero bueno. Ahí va la traducción aproximada de su respuesta: "Por desgracia, no habéis captado la idea. El concierto fue una experiencia maravillosa y percibo que la audiencia sintió lo mismo. Por resumirlo en tres palabras, no tiene nada que ver con cómo estoy disfrutando yo mismo: se llama barrera idiomática. Fue, honestamente, una de las mejores actuaciones de esta gira. Estoy deseando volver. Al margen de todo esto, gracias por venir. Lo digo de verdad. Cuidaos".

Me cuesta creer que Jurado sea totalmente sincero, entre otras cosas porque ayer le decía a otro tuitero que el concierto de Ourense había sido inolvidable, pero por no entrar en mayores polémicas -y porque lo que tenía que decir ya estaba expuesto en la crónica-, le he respondido que todo sonó genial, que sus canciones son maravillosas y Maraquopa es uno de sus mejores discos, pero que "no tuve los mismos sentimientos" que en su impresionante concierto de 2010. "Quizá fue un problema mío, pero si vuelves iré a verte de nuevo. Espero que tu música nos/me acompañe durante largo tiempo. ¡Suerte con la gira y regresa pronto!", termina el tercero y último de mis tuits.

Curiosa historia de feedback tuitero. ¿Continuará?

18 marzo 2012

Concierto de Damien Jurado en Donostia

Demasiado tarde

Fecha y lugar
. 16/03/02. Teatro Victoria Eugenia. Intérpretes. Damien Jurado (voz, guitarra acústica), Barry Uhl (teclados), Bradley Stemke (batería), Jessiah Hurlburt (bajo), Kyle Zantos (guitarra eléctrica). Incidencias. Más de tres cuartos del aforo completo para una doble sesión doble que inauguró el getxotarra MobyDick.

A
veces sucede. Adoras a un grupo o a un artista, en casa escuchas sin parar sus discos, guardas un formidable recuerdo de su último concierto y deseas volver a verlo en directo. Ese día llega, accedes nervioso al teatro, te enfrentas por fin al reencuentro pero finalmente no ocurre lo que esperabas y la decepción se impone. ¿Un problema de expectativas o de actuación mal enfocada? ¿Tuvo el artista una mala tarde? ¿O fue el espectador quien la tuvo?

Algo de todo eso hubo, quizá, en el concierto que Damien Jurado ofreció el viernes en el Victoria Eugenia. A diferencia de su visita de 2010, en la que tocó sin banda, esta vez se hizo acompañar por cuatro estáticos músicos con los que repasó, en su orden original, los diez temas de Maraquopa (2012), su última joya discográfica. La psicodelia de Nothing is the News, los guiños electrónicos en Reel to Reel, los coros de Working Titles, el aire ochentero de Museum of Flight… Todas sonaron ricas en arreglos, perfectas y luminosas, pero sin alma, como lastradas por una inexplicable contención que por momentos ensombrecía el brillo de unas canciones fabulosas.

Sin zapatos, con calcetines blancos y aferrado a su guitarra acústica -decorada con la palabra "Home" escrita sobre un mapa de Washington y una foto de su productor Richard Swift-, el ceñudo músico de Seattle pecó de un laconismo excesivo pero brindó ejemplos de lo que podía haber dado de sí el show con una interpretación de la banda no tan robótica y con otro formato de actuación no tan sujeta al último disco. En el repertorio destacó Horizons, una majestuosa y atmosférica muestra de rock progresivo repleta de destellos psicodélicos y envolventes melodías de órgano. Después, la banda se ausentó unos minutos y Damien se quedó solo para interpretar temas preciosos como Ohio o Everything Trying. Esos momentos, cuando el grupo pudo explayarse sin freno y cuando el estadounidense defendió sus canciones al desnudo, constituyeron lo mejor, lo más emocionante de la velada.

En los bises, Damien Jurado, que hasta entonces apenas había cruzado tres frases con la audiencia y se había levantado dos veces de su silla, se transformó en un individuo sobreactuado y desbocado que parecía haber sufrido una sobredosis de Prozac: comenzó a correr en círculos sobre los instrumentos, bromeó con su banda y bajó al patio de butacas a practicar el "choca esos cinco" con la concurrencia. A modo de despedida, cantó Arkansas y Cloudy Shoes a pelo, sin amplificación y sentado con su guitarra al borde del escenario. El concierto concluyó entre aplausos: Jurado había derribado el muro invisible que él mismo había levantado entre su música y los espectadores. Para algunos, sin embargo, era ya demasiado tarde.

Publicado en el periódico Noticias de Gipuzkoa.

18 octubre 2010

Resumen resumido del Festival Donostikluba 2010

Música tan cercana que puedes tocarla

QUEDABAN
un par de horas para que el domingo amaneciera cuando el Festival San Miguel Donostikluba (en adelante San Donostikluba) echó el telón hasta el próximo año. Una vez más, han sido varios días de magníficos y variados conciertos que han convertido la Sala Gazteszena en santuario de un público ávido de emociones musicales. La edición de 2010 comenzó el fin de semana pasado con el rap de Gabylonia y la party reggae con la que Morodo y los Revolutionary Brothers cosecharon éxito y llenazo total el viernes. Al día siguiente, Joan Colomo ofreció un sorprendente y lúdico recital a base de voz, guitarra y divertido storytelling, mientras que The Last 3 Lines, Standstill y Eric Fuentes cargaron el ambiente de electricidad e intensidad en un festival en el que el rock no ha estado tan presente como otros años.

El segundo finde de San Donostikluba comenzó el jueves con la actuación de Corazón y el fantástico happening de Single, que sirvió una suculenta ración de pop heterodoxo en la que Ibon Errazkin lució peluquín y Teresa Iturrioz brilló ampliamente, por su maravillosa voz y por los distintos trajes que lució. El viernes, en la noche folk por excelencia, el donostiarra The Indio teloneó con encanto y solvencia al estadounidense Damien Jurado, que protagonizó la más bella y emocionante sesión de esta edición. Actuó sin banda de acompañamiento, sólo con voz, guitarra y dos micros (uno de ellos con efecto de eco), pero sus melodías hicieron estremecerse a un público que acabó estrechando sus manos al final del concierto: una imagen válida para capturar la esencia de un festival en el que la música se disfruta de modo tan cercano que puedes tocarla. También gustó Josh Rouse, que en formato de trío (guitarras y contrabajo) vistió su folk de ritmos latinos, bossa-nova y hasta soul, e hizo los bises al borde del escenario, cantando sin enchufes ni micros en otro momentazo del certamen. Ya el sábado, el más santo de los festivales musicales se despidió a lo grande con las propuestas de Klaus&Kinski, Joe Crepúsculo y el éxtasis ruidista de Triángulo de Amor Bizarro. En 2011, más y mejor. Será difícil pero no imposible para un evento tan necesario y genial como Donostikluba.