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01 febrero 2010

Muere J.D. Salinger


El último 'bartleby'

La muerte de J.D. Salinger nos sorprendió en la redacción del periódico bien entrada la tarde. En cierto modo, fue -alguien lo ha escrito estos días- como si hubiera fallecido un cadáver. Varios compañeros pensaban que estaba muerto hace tiempo y nuestros jefes -ay, los jefes- no mostraron al principio mucha intención de destacar la noticia en primera plana.

La suerte de escopeta de feria que tengo por memoria me impide acordarme de si leí El guardián entre el centeno en EGB o en los primeros años de instituto. Sin embargo, sí creo recordar que, aunque el personaje de Holden Caulfield me impactó, el libro no cubrió las expectativas que me había formado a través de las loas de quienes me lo recomendaban con tanto fervor -algunos de sus Nueve cuentos tampoco me dejaron un recuerdo imborrable-. Tal vez sea un buen momento para releer la inmortal pieza literaria que, cual acné juvenil, ha marcado infinidad de adolescencias desde hace más de medio siglo, pero me da la impresión de que, como ocurre con ciertos artistas, ellos mismos y sus experiencias vitales son más grandes que su propia obra.

En los tiempos que corren, resulta insólito que alguien decida apartarse del mundanal ruido y escribir sólo para sí mismo. Todo apunta a que Salinger ha seguido creando, aunque habrá que esperar mucho tiempo para que sus inéditos vean la luz. O no: porque siempre puede surgir el típico allegado-traidor (especie abundante en familias con celebridades) con prisa por hacer caja haciendo caso de las últimas voluntades del difunto... En breve proliferarán las reediciones de sus libros e incluso hay un documental sobre su figura a la vista. Personalmente, prefiero seguir sin conocer los verdaderos motivos de su negativa a publicar porque ese desconocimiento espolea mi imaginación.

Enrique Vila-Matas escribió hace ahora diez años un recomendable e instructivo libro, Bartleby y compañía (2000). Manteniendo su habitual tensión entre ficción y realidad, el autor efectuaba una especie de rastreo de escritores como Juan Rulfo, Rimbaud o el propio Salinger, que en un momento determinado de sus vidas decidieron no escribir/publicar. El título es un claro homenaje al relato de Melville, Bartleby el escribiente (1853), protagonizado por un enigmático personaje al que siempre que se le encarga realizar un trabajo o contar algo sobre su vida, responde: "Preferiría no hacerlo".

Salinger, claro está, también prefirió no hacerlo.


NOTA: Podéis leer aquí el fragmento sobre Salinger que Vila-Matas incluye en Bartleby y compañía, y aquí el bellísimo comentario-obituario de mi compañera y amiga Ruth Pérez de Anucita que publicamos en el periódico.