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16 octubre 2012

Concierto de Wilco en Bilbao


El arte del clímax

Fecha y lugar. 14/10/2012. Palacio Euskalduna. Bilbao. Intérpretes. Jeff Tweedy (guitarra, voz), John Stirratt (bajo), Nels Cline (guitarras), Glenn Kotche (batería), Pat Sansone (guitarra, teclados), Mikael Jorgensen (teclados). Incidencias. Algo más de las tres cuartas partes del aforo completo. Los escoceses The Hazey Janes ejercieron de teloneros y a modo de souvenir la promotora Conciertos Sublimes regaló a los asistentes un cartel de la actuación.

JUSTO cuando se cumplían cinco años de su estreno en Bilbao, Wilco regresó el domingo al Palacio Euskalduna, que esta vez no registró el habitual lleno absoluto. En parte porque la banda de Chicago visita anualmente el Primavera Sound de Barcelona y ha ofrecido conciertos recientes en Donostia (2009 y 2011) y varias ciudades del Estado. Pero el leve pinchazo de taquilla parece ante todo atribuible al desorbitado precio de las entradas, que costaban entre 32 y 100 euros frente a los 33/40 euros de hace un lustro. Así, las localidades asequibles se ocuparon casi al completo y las prohibitivas no se vendieron ni con la desesperada oferta de 2x1 que la promotora lanzó hace unos días para evitar la imagen de un auditorio desangelado.

Los primeros acordes de la arrebatadora One Sunday Morning hicieron olvidar a gran parte de la audiencia el desembolso realizado: el modo en que Jeff Tweedy y los suyos fundieron tan melancólica balada con Art of Almost, pepinazo de ecos krautrock y apoteosis lisérgica, fue sencillamente sublime. De su último trabajo, The Whole Love (2011), sonaron también la pegadiza I Might y Born Alone, con riffs de guitarra que parecían latigazos sobre un caballo desbocado. Más tarde interpretarían Dawned on Me y el tema homónimo de ese amoroso álbum que ha sacado a Wilco de un cierto estancamiento discográfico; los intercalaron con clásicos como I Am Trying to Break Your Heart en un concierto de sobria puesta en escena y un sonido exquisito.

Enlazaron la hermosa You Are my Face con el himno Impossible Germany, en el que Nels Cline volvió a sacar chispas a su guitarra con un solo ya legendario. Después llegaron las canciones más añejas de la noche, la espléndida Misunderstood, del Being There (1996), y Box Full of Letters, de su debut A.M. (1995). En medio de ambas insertaron la balsámica On and On and On para continuar después con la marchosa I'm Always in Love, la insoslayable Jesus, Etc. y la adictiva Handshake Drugs. Tweedy puso a prueba su falsete en Hate it Here y su sentido del humor en Heavy Metal Drummer. Ya en la recta final, mostraron su faceta más melódica invocando a los Beatles con Hummingbird y en A Shot in The Arm exhibieron, como en otros tantos títulos, una maestría sin igual a la hora de conducir sus melodías hacia el explosivo clímax final.

Muchos reprochan a Wilco cierta frialdad y una actitud mecánica sobre el escenario. En verdad, todo está calculado al milímetro (solos, distorsiones, luces, cambios constantes de guitarra) y como músicos son escandalosamente buenos, pero su virtuosismo y la preocupante falta de frescura no impiden que la emoción se contagie al espectador de manera muchas veces brutal. Es el caso del tema que inauguró la tanda de bises, Via Chicago, una pieza soberbia y estremecedora que captura como pocas la doble alma acústica y eléctrica de un grupo que cerró su actuación de dos horas con la bellísima California Stars, la saltarina Walken y la rockera I'm the Man Who Loves You. Al parecer, tenían listas dos propinas más, Monday y Outtasite (Outta Mind), pero no las tocaron, quizá por la tibieza que reinaba en las primeras filas. "¿Lo estáis pasando bien? No sé, parecéis una pintura al óleo", llegó a bromear Tweedy antes de definir Bilbao como "una de las ciudades pequeñas más bonitas del mundo" (que no cunda el pánico entre la parroquia guipuzcoana: hace dos años confesó en el Kursaal que no les importaría nada mudarse a Donostia). Faltaban unos minutos para la medianoche y en los aledaños del Euskalduna muchos pensaban ya en su próximo reencuentro con Wilco: si no es la mejor banda del planeta, se le parece mucho.


 
 
   
 
 

Publicado en Noticias de Gipuzkoa.


27 mayo 2010

Concierto de Rufus Wainwright en Bilbao


Belleza, dolor y pérdida

Teníamos un recuerdo inmejorable del festivo show que hace tres años ofreció en el Kursaal y tan pronto como Rufus Wainwright anunció su actuación del 9 de mayo en Bilbao nos lanzamos a comprar las entradas. Una semana antes de la fecha supimos que el canadiense actuaría solo sobre el escenario, con la única ayuda del piano y su estratosférica voz. El chasco inicial se acrecentó más aún cuando leímos que estaba dividiendo las funciones en dos mitades, la primera para interpretar íntegramente su último y oscuro álbum, All Days Are Nights: Songs for Lulu, y la segunda para repasar algunos éxitos al piano.

Por fortuna, nos equivocamos al prejuzgar al divo, que apareció caminando lentamente en la penunbra, con una estrafalaria bata negra de cola y plumas en las hombreras. Cantó, en su orden original, todos los temas del Songs for Lulu, un trabajo marcado por la reciente muerte de su madre, que habitualmente le acompañaba en sus giras -en Donostia, sin ir más lejos, tocó junto a él-. No hubo ni un solo aplauso entre sus canciones de dolor y pérdida porque así lo había exigido el artista. Así, el hermoso réquiem para piano de Wainwright se desarrolló en un clima de emoción contenida siempre a punto de quebrarse.

Pero hubo luz al final del camino. Se cambió de traje -chaleco, camisa blanca y mallas- y, en clave menos luctuosa, abordó temas como Cigarettes and Chocolate Milk, Leaving for Paris o la imprescindible Going to a town. Hizo bromas, introdujo las canciones y continuó hablando de su familia. La melancolía, ingrediente básico de las composiciones de Wainwright, se alió con la belleza de una propuesta desnuda pero que logra sacudir ese pequeño órgano que escondemos bajo el lado izquierdo del pecho.

04 julio 2009

Concierto de Ry Cooder & Nick Lowe en Bilbao


Dos eran dos...

Fecha y lugar.
2/07/2009. Palacio Euskalduna. Bilbao. Intérpretes. Ry Cooder (guitarras), Nick Lowe (bajo y guitarra), Joachim Cooder (batería), Alex Lily y Juliette Commagère. Incidencias. El concierto de Cooder y Lowe duró una hora y veinte minutos y como telonera actuó la banda de Commagère, donde su marido, Joachim Cooder, tocó la batería. El alto precio de las entradas hizo que el auditorio presentara un cierto aspecto desangelado.

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los talentos que se reunieron el jueves en el Palacio Euskalduna de Bilbao, ansioso por recibir al 50% de Little Village, aquel efímero grupo que nació y murió en 1992. Con el espíritu de los ausentes John Hiatt y Jim Keltner sobrevolando el auditorio, Ry Cooder y Nick Lowe iniciaron con Fool Who Knows el concierto con el que clausuraban su gira conjunta por España. Fue Lowe, vestido elegantemente como si viniera de jugar al golf, quien cantó primero mientras tiraba de las cuatro cuerdas del bajo. Cooder, el hombre de las camisas imposibles, le tomó el relevo con un tema nicotínico, Fool for a Cigarette , tras el que protagonizó uno de los highlights de la noche con su mini dobro -o guitarra resofónica-. La canción elegida no pudo ser más oportuna, Vigilante Man , un blues de Woody Guthrie que, deconstruido por el estadounidense, sonó oscuro y cenagoso. Escalofriante.
En la sureña Losing Boy el canoso gentleman inglés cambió el bajo por la guitarra acústica e hizo vibrar de nuevo sus cuerdas vocales, más pulcras y luminosas que las de su partenaire, que intercambiaba miradas con su hijo Joachim Cooder, baterista de efectiva pegada. El trío se convirtió en quinteto gracias a las coristas Alex Lily y Juliette Commagère, que entraron en escena con la divertida Chinito Chinito , un cruce bastardo de música oriental, surf y ritmos latinos. Después llegaron Crazy 'bout an Automobile , You Gotta Pay y Crying in my Sleep , triste y hermosa tonada con la que Nick Lowe demostró, igual que el pasado año en Donostia, cuán grande es. Además, dio ejemplo del proverbial humor británico antes de acometer Half a Boy and Half a Man , un rock'n'roll compuesto en los 70 que, según confesó, fue número 1 durante "dos gloriosas semanas"… en Bélgica. "¿Qué es tan divertido?", preguntó sardónico al desternillado público.
En el tramo final interpretaron, entre otras, la marchosa Down in Hollywood , el glorioso góspel Jesus on the Mainline y la desgarradora Teardrops Will Fall , la balada en la que la voz y los dedos de ese incansable rastreador de sonidos llamado Ryland Peter Cooder despertaron el mayor aplauso de la función. El telón cayó en clave tex-mex con Impossible y He'll Have to Go , donde se echó en falta el acordeón de Flaco Jiménez, baja de última hora debido a una hernia discal. Y aún hubo tiempo para dos bises, la inconmensurable (What's so Funny 'bout) Peace, Love and Understanding , una bella composición de Lowe inmortalizada por tipos tan egregios como Elvis Costello, y la animada Little Sister , que dejó con hambre a los espectadores que habían pagado entre 62 y 70 euros y que no esperaban que el show fuera a durar sólo una hora y 20 minutos.
Y es que en este caso ver a Ry Cooder sí tuvo precio.Un coste alto -casi a euro el minuto- que, sin embargo, los seguidores de este inmenso domador de guitarras asumieron con mucho gusto, pues no es habitual ver al músico californiano sobre los escenarios y porque resulta imposible no quedarse boquiabierto con su deslumbrante y casi extraterrestre modo de tocar las seis cuerdas.