El jazz puede esperar
(Primera crónica de la Jazz Band Ball del Jazzaldia 2012: 19/7/12)
CIERTO es que en las últimas dos
ediciones los cabezas de cartel de la Jazz Band Ball gratuita tenían
mayor tirón mediático. En 2010 Patti Smith inauguró el Festival en mitad
de un diluvio de agua y rock, mientras que el pasado año el honor
correspondió a B.B. King, que ofreció un concierto mediocre -emplear un
adjetivo más suave sería faltar a la verdad-. Puede que ayer no hubiera
nombres a la altura de las mencionadas leyendas, y eso se notó en la
afluencia a la playa, bastante menor a la de inauguraciones anteriores,
pero nadie podrá negar la calidad de las actuaciones de tres mujeres
poseedoras de voces acongojantes: Sharon Jones, Dayna Kurtz y Brittany
Howard (Alabama Shakes).
sweet soul alabama Son,
como quien dice, recién nacidos en el oficio de juntar notas musicales,
pero a las 21.30 horas aterrizaron en Donostia precedidos de una
expectación sin límites. Las principales publicaciones musicales del
mundo se han puesto de acuerdo en calificar a Alabama Shakes como una
banda excepcional, algo que a priori puede sorprender si se tiene en
cuenta que su propuesta es un ejercicio de revisionismo musical, dicho
sea esto sin ánimo peyorativo. Las influencias de este grupo
estadounidense, con un solo disco en el mercado
Boys & Girls (2012), no pueden estar mejor asimiladas. Una intro tranquilita dio paso a
Hold on,
uno de sus temas estrella. Después continuó desgranando piezas del que
hasta ahora es su único álbum. Sin duda, la fuerza del grupo reside en
un contundente directo y en un chorro de voz atronadora que brota de una
boca que se abre hasta casi desencajar la mandíbula.
Hay quien ha querido ver en su modo de cantar ecos de Janis
Joplin, y recuerda mucho, pero ella prefiere compararse a Bon Scott. No
en vano, ella, que primero tocó en una banda de bluegrass y en un grupo
punk, suele citar a AC/DC como una de sus influencias. Aunque lo más
fácil sea calificar el sonido de Alamaba Shakes como neosoul, lo más
justo es definirlo como un gran grupo de rock, creado y tocado con las
tripas.
El sonido sureño se apoderó de la playa, a la que poco a poco
fue bajando el público, durante una hora y dos bises. Brittany solo
descansó entre descarga y descarga rockera para mostrar su faceta más
delicada con baladas que le permitían secarse el sudor. Se despidió con
una canción de tono gospel, al grito de
I wanna funk you y un nítido
muchas gracias.
La rotativa engullía este diario poco después del comienzo de
las actuaciones de Dayna Kurtz, The Excitements y Nevermind Trio, por lo
que poco más se puede añadir. La última función, la de Sharon Jones
& The Dap-Kings, también quedó lejos de la hora de cierre de este
periódico, aunque si las previsiones no fallaron, la renovadora del soul
y del rhythm and blues ofreció un vibrante y demoledor show atravesada
ya la frontera de la medianoche.
musculoso soul Sí hubo,
en cambio, tiempo para disfrutar y narrar con más detalle los
conciertos que tuvieron lugar varias horas antes. En sintonía con la
oferta de la Jazz Band Ball de este año, hubo más soul, blues, rock y
funk que jazz, un estilo que no adquirirá protagonismo hasta hoy con las
actuaciones de Jimmy Cobb, la apertura de la Triniy la
Gaujazza del Victoria Eugenia.
El jazz, por tanto, puedo esperar, porque la inauguración
simultánea en las terrazas del Kursaal corrió a cargo de Triz3ps,
Travellin' Brothers Band y Juan Zelada. Desde la reciente presentación
de su disco homónimo, el trío conformado por Javi P3z, Alberto Bosch y
Oriol Flores ha protagonizado multitud de conciertos por estos lares.
Ayer volvió a ofrecer su receta de soul musculoso, con Javi cantando en
su característico falsete temas como
Pretérito,
Lejos de aquí,
Andrómeda o
Trifunka.
Como ellos advirtieron al público que les escuchaba sentado desde el
césped artificial, esta vez eran Quintuceps, pues sobre el escenario les
acompañaban Paul San Martín y Luis Camino a las precisiones. No
faltaron los alaridos funk
made in James Brown ni los bises que
recordaron uno de los proyectos más lejanos y queridos de P3z:
Parafunk. El público, a esa hora aún muy familiar, coreó temas como
Baile (con el magnífico estribillo "El que no quiera que no baile") y
Domingo, en la que tuvieron cabida diversas soflamas y guiños al
Oye cómo va. P3z se despidió cantando en euskera y entre aplausos.
Por su parte, Juan Zelada gustó al público con su pop
versátil, deudor, según él mismo, de artistas como Paul Simon, James
Taylor o Ray Charles. Aunque el músico es oriundo de Madrid, está
afincado en Londres y se ha hecho un hueco en la escena británica. De
hecho, una disquera tan prestigiosa como Decca le ha publicado su álbum
de debut,
High Ceilings & Collarbones (2012). Acompañado por una formidable banda de
guiris
que incluía sección de vientos, Zelada alternó teclados y guitarra
acústica en un show íntimo -por el reducido tamaño del escenario- pero
muy divertido y marchoso. El músico amenazó con poner en danza a la
gente sentada a la sombra de los tamarindos y a punto estuvo de
lograrlo. Sí consiguió que el público cantara
cumpleaños feliz al guitarrista Luke Higgins en su gran día.
Travellin' Brothers Big Band, originarios del delta del
Nervión, quizá por la ubicación de su escenario, fue la propuesta que
más publico congregó... y no solo entre el público, sino también sobre
las tablas. A ello contribuyó el tiempo agradable que acompañó ayer a la
Jazz Band Ball. Por fortuna, el pronóstico de Euskalmet promete que hoy
no lloverá.