11 enero 2010

Rescoldos fotográficos de 2009 (I): Leonard Cohen


Alabado sea Cohen
Fecha y lugar. Bizkaia Arena (Bilbao). 17/09/09. Intérpretes. (Leonard Cohen (voz y guitarras), Roscoe Beck (director musical y bajo), Rafael Bernardo Gayol (batería y percusión), Neil Larsen (teclados), Javier Mas (bandurria, laúd, mandolina), Bob Metzger (guitarra, steel guitar), Sharon Robinson (coros), Dino Soldo (instrumentos de viento, armónica), Charley Webb (coros y guitarra), Hattie Webb (coros y arpa). Incidencias. El concierto duró tres horas y media con un descanso de aproximadamente 30 minutos.


NO es muy habitual, en los tiempos que corren, ver a un artista sobre el escenario y tener la certeza de estar asistiendo a un momento histórico, único y, posiblemente, irrepetible. Todo en la gira que Leonard Cohen emprendió hace un año huele a despedida, como lo sugieren el repertorio copado de grandes éxitos o ese "gracias por estar ahí y haber mantenido vivas mis canciones" que el músico pronuncia al término de sus generosas actuaciones.

Por eso, porque quizá sea la última vez que el bardo de Montreal salga de gira, la cita del jueves en el Bizkaia Arena tenía tanto de especial. Desde la primera estrofa de Dance Me To The End Of Love ("Llévame bailando hasta tu belleza con un violín en llamas") hasta el agradecido salmo final Whither Thou Goest , Cohen y su deslumbrante banda conmovieron a un público sobrecogido por tanta belleza. Y es que el septuagenario de la voz quebrada congregó en Bilbao a sus hijas más queridas, 26 canciones de amor y de odio, y las hizo flotar entre los maravillados espectadores.

Así, por ejemplo, rescató a la eterna Suzanne ("y tú quieres viajar con ella / y tú quieres viajar ciego") y a su gipsy wife ("¿Dónde está mi mujer gitana?"), y volvió a despedirse una vez más de una de sus más célebres mujeres en So Long Marianne ("es tiempo de que comencemos a reír y a llorar"). La nota épica la puso The Partisan ("Yo soy el único esta tarde pero debo continuar / Las fronteras son mi prisión") y el guiño a Lorca llegó con la preciosa Take This Waltz ("Ahora en Viena hay diez mujeres bellas").

El auditorio se estremeció -cómo no hacerlo- con la inmortal Hallelujah y coreó temas como I'm Your Man, First We Take Manhattan, Bird On The Wire, Ain't No Cure For Love, Sisters of Mercy o Everybody Know . Y a cada prolongado aplauso Leonard Cohen, siempre atento y en deuda con sus músicos, respondía quitándose el sombrero con una clase y una elegancia fuera de lo común. Una velada emotiva y memorable tras la que sólo cabe añadir: ¡alabado sea Leonard Cohen!