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02 diciembre 2009

Homenaje a Laboa en el Teatro Victoria Eugenia


Una voz que nunca se apagará

La grandeza de Mikel Laboa la explica su propia obra, aunque existen ejemplos y momentos que sirven para ilustrar lo alargada e influyente que su sombra puede llegar a ser. Y es que sólo alguien de su talla artística y humana es capaz de convocar sobre el mismo escenario a un grupo de jazz, a miembros de bandas de pop rock de muy distinto cuño e incluso a dos disc jockeys.

El Teatro Victoria Eugenia acogió ayer el espectáculo Mikel Laboa 180º, organizado en el primer aniversario de su fallecimiento y donde su viuda, Mari Sol Bastida, recogió la Medalla de Oro que a título póstumo le concedió el Ayuntamiento de Donostia. Los organizadores habían anunciado un acto sencillo, y lo fue en su forma, pero no en su contenido. La ausencia de cualquier elemento de escenografía sobre las tablas del abarrotado teatro había público hasta en el gallinero parecía dejar claro que lo importante era la música. Y sólo la música.

Jazz, DJ y Pop rock Al pianista donostiarra Iñaki Salvador, su fiel escudero durante más de 20 años, le tocó "el extraño y gran honor" de inaugurar la velada en clave de jazz con su trío, integrado por Javier Mayor de la Iglesia (bajo) y Hasier Oleaga (batería). Como "invitado especial" presentó al trompetista estadounidense Chris Kase, que tocó el fliscorno. Un instrumento que, según explicó Salvador, era muy querido por Mikel Laboa, ya que su padre lo tocaba en la banda de música. "Me ha parecido hermoso venir a escuchar la voz de Mikel a través del fliscorno", añadió al presentar su propia y original interpretación de Izarren hautsa, Baga Biga Higa, Gure bazterrak y Haize Hegoa.

Tras la entrega de la distinción a Bastida, la voz del homenajeado volvió a sonar, esta vez tamizada por los cachivaches sonoros que manipularon DJ Makala y DJ Zigor (DZ). Ante la atónita mirada de los espectadores de mayor edad, los pinchadiscos usaron los viejos vinilos de Laboa para dar una nueva dimensión a sus canciones, especialmente a Kantuz, que fue deconstruida a golpe de loops, samplers y scratching en un ejercicio iconoclasta a los que tan aficionado era Mikel Laboa.

El cambio de instrumentos y músicos entre actuación y actuación pudo ser más ágil faltó, quizá, algún ensayo general más, pero la espera fue amenizada con la proyección de algunos vídeos de Laboa protagonizando esos discursos desternillantes y casi dadaístas en los que mezclaba imitaciones de Cantinflas con referencias a los presocráticos y canciones tan dispares como Piedra y camino o La donna è mobile.

Los miembros de Lain empezaron suaves con su interpretación de Martxa baten lehen notak y torcieron hacia el rock en Haika mutil y Haurtxo txikia. Las dos vocalistas del grupo, Kristina y Leire, acompañaron al siguiente músico, Xabi San Sebastian, que prestó su guitarra y añadió una tercera voz a Ihesa zilegi balitz. Después se quedó solo con su banda para interpretar, en muy distintos estilos, Pasaiako herritik, Liluraren kontra y Dialektikaren laudorio. En esta última pieza, uno de los preciados lekeitios de Laboa, se incluyó el siempre evocador sonido de un sitar y de varios sintetizadores que prestaron una atmósfera muy especial al recitado de San Sebastian.

Eñaut y Beñat, cantante y guitarrista de los bizkaitarras Ken Zazpi, fueron los únicos que ofrecieron un tema propio, Zapalduen olerkia, que sin embargo refleja la "influencia" de Laboa en los artistas jóvenes. Después conmovieron con una sentida versión de Izarren hautsa.

Gose, el trío de Arrasate, irradió energía al interpretar Zure begiek, que sonó como una suerte de burlesque electrónico, y una intensa y cañera revisión de Baga Biga Higa en la que el grupo sacó chispas a la triki, la guitarra y las bases programadas.

Cuando las luces se encendieron, todos los participantes en el homenaje regresaron para cantar junto a los espectadores la imprescindible Txoria txori, demostrando que la voz de Mikel Laboa nunca se apagará mientras siga viva en la memoria del público y en el quehacer diario de los muchos músicos que lo han tenido y lo seguirán teniendo como ineludible referencia.

19 junio 2009

Homenaje a Mikel Laboa en El Antiguo



Un corazón antiguo que latía joven

El
frontón de El Antiguo se quedó pequeño para acoger la inmensa emoción que presidió el homenaje del barrio donostiarra a Mikel Laboa. El del viernes de la semana pasada no fue un acto más, sino un tributo casero, pequeño y grande al mismo tiempo, porque estaba organizado por los de casa -la asociación Antiguotarrak y el grupo de dantza del mismo nombre- y celebrado cerca del hogar del músico fallecido hace ahora seis meses. Unas 500 personas y un buen número de curiosos que desde el exterior trataban de no perder comba siguieron atentos un festival protagonizado por personas de todo signo y condición, por gentes diversas que pusieron de relieve el largo alcance de un artista cuya sombra ha cobijado durante décadas a creadores de distintas generaciones y estilos artísticos manifiestamente distantes.

Por eso entusiasma ver a un clásico como Erramun Martikorena y a un viejo rockero como Niko Etxart compartiendo tablas con los jóvenes Gorka Urbizu (Berri Txarrak), Karlos Osinaga (Lisabö) o Anari, que echó el telón del acto con una majestuosa versión del Antzinako bihotz . Fue una pena que el apartado del homenaje dedicado al rock and roll -Laboa parecía rejuvenecer en contacto con los nuevos músicos- no fuera más extenso. Porque precisamente, uno de los momentos cumbre de la noche fue el que sirvió para devolver a los escenarios a Xabier Montoia, antiguo vocalista del grupo M-ak que últimamente parece más centrado en sus tareas literarias y que revisó rabiosa y poderosamente Ama hil zaigu . Impagable.

Antes habían tocado y cantado Luberri Abesbatza, Iker Goenaga y el citado Niko Etxart, que convirtió Baga-biga-higa en un simpático rock and roll acústico. Oreka TX interpretó el tema que Mikel Laboa cantó para el grupo en su debut, Quercus Endorphina , y su txalaparta puso ritmo a los iconoclastas bailes de Kukai Dantza Taldea, con Jon Maya al frente. El público celebró los bertsos de Andoni Egaña y Maialen Lujanbio, así como la proyección de imágenes en las que Bernardo Atxaga, Lluís Llach y varios vecinos y personas cercanas al homenajeado glosaron su figura. Y también asistió divertido a las intervenciones de Xabi Strubell y Eneko Abrego con Dilistak y sorprendido al ver aparecer a Ruper Ordorika, que no estaba anunciado en el cartel.

"Mikel Laboa. Kantari. Euskaltzale. Lagun. Galantari. Auzokide. Gizaseme. Esker onez". Así reza la placa que desde hace unas pocas horas le recuerda en el mercado de su barrio. El reloj marcaba la una y media de la madrugada cuando el afectuoso homenaje concluyó con la entrega de un recuerdo a Marisol Bastida, su viuda. Y el público, que parecía negarse a abandonar el frontón, entonó a coro Txoria Txori junto a todos los artistas que intervinieron en un tributo que, de seguro, no será el último, pero sí uno de los más personales que Laboa pueda recibir.





































Esto ocurría la semana pasada, y el martes presentaron Mikel Laboa 1934-2009, un documental sobre la figura del músico que merece la pena ver.