









LA doble cita del martes en el Victoria Eugenia comenzó con una formación cuyo primer trabajo, The Magpie Returned The Ring, lleva apenas una semana en eso que un día se llamó mercado discográfico: Marcus Doo and the Secret Family. Apunten ese nombre porque es difícil recordarlo y porque, ciertamente, prometen. El combo, una torre de babel sonora levantada por individuos de Madrid, Escocia, Francia, EEUU y España, practica una música bipolar que pasa en un periquete de la tempestad post-rock a la calma folk y juguetea con voces y sonidos pregrabados en una fórmula muy interesante. Conviene seguirles la pista.
Tras el descanso llegaron, respaldados por una banda de finos ejecutantes, Glen Hansard y Marketa Irglova. De su debut homónimo, The Swell Season (2006) rescataron piezas como Sleeping, Lies, Leave y, por supuesto, la oscarizada Falling slowly, de la banda sonora de Once, película que ellos mismos protagonizaron. Del segundo álbum, Strict Joy (2009), sonaron In These Arms, The Rain y Fantasy Man, entre otras. El simpático Glen cedió la guitarra magullada que usaba en aquel filme a dos espectadores, Silvia y Carlos, que subieron a cantar y tocar con ellos una canción de su propio grupo, Escuchando Elefantes. Hubo un vibrante homenaje a Van Morrison con la versión de Into the Mystic, un innecesario interludio de violín celta y un discutible colofón con la ranchera Cucurrucucú paloma.
Resulta paradójico que lo mejor y lo peor del directo de The Swell Season sea, a juicio de quien suscribe, su condición de pluscuamperfecto. Su pop-folk de aires irlandeses suena pulcro, limpio y cristalino, con voces y melodías de irreprochable belleza, pero también se escora peligrosamente hacia la reiteración, lo fácil y lo almibarado. Con total justicia, el público los despidió en pie, casi levitando y sin dejar de aplaudir, aunque algunos habríamos preferido temas menos preciosistas como When Your Mind"s Made Up, que mostró una faceta más versátil de un grupo que quizá toca demasiado bonito.
Publicado originalmente aquí.
El segundo finde de San Donostikluba comenzó el jueves con la actuación de Corazón y el fantástico happening de Single, que sirvió una suculenta ración de pop heterodoxo en la que Ibon Errazkin lució peluquín y Teresa Iturrioz brilló ampliamente, por su maravillosa voz y por los distintos trajes que lució. El viernes, en la noche folk por excelencia, el donostiarra The Indio teloneó con encanto y solvencia al estadounidense Damien Jurado, que protagonizó la más bella y emocionante sesión de esta edición. Actuó sin banda de acompañamiento, sólo con voz, guitarra y dos micros (uno de ellos con efecto de eco), pero sus melodías hicieron estremecerse a un público que acabó estrechando sus manos al final del concierto: una imagen válida para capturar la esencia de un festival en el que la música se disfruta de modo tan cercano que puedes tocarla. También gustó Josh Rouse, que en formato de trío (guitarras y contrabajo) vistió su folk de ritmos latinos, bossa-nova y hasta soul, e hizo los bises al borde del escenario, cantando sin enchufes ni micros en otro momentazo del certamen. Ya el sábado, el más santo de los festivales musicales se despidió a lo grande con las propuestas de Klaus&Kinski, Joe Crepúsculo y el éxtasis ruidista de Triángulo de Amor Bizarro. En 2011, más y mejor. Será difícil pero no imposible para un evento tan necesario y genial como Donostikluba.