El Mogambo en plan escuela de calor. Unos yanquis parecen interpretar la banda sonora de una película de Sergio Leone: flautas, guitarras con doble mástil, panderetas y un rock spaguetti western muy resultón. Después cabalgan los pecadores de la pradera muerta, con el sobrino de David Simon (The Wire) a la cabeza, y su psicodelia de alto votaje engancha pero no tanto como esperábamos. El fin de fiesta llega encapsulado como uno de los directos más potentes que pueden disfrutarse del Ebro al Adour: con dos voces (chico y chica), una guitarra afilada, un bajo machacón y una batería desenfrenada. El presunto aire acondicionado hace saltar la luz pero el baquetista sigue aporreando los tambores a oscuras. Pogo salvaje, gafas aplastadas por el suelo, cánticos a favor del Olentzero, sobredosis de birras a 1 eusko... Como diría Martin Scorsese (o al menos quien traduce los títulos de sus películas al castellano), Jo qué noche.
Tras la primera incursión en ese entrañable agujero sin luz que es la Sala Mogambo, este humilde fotero se dejó caer de nuevo por Trintxerpe para asistir a la cita protagonizada por Glorytellers y teloneada por Mursego, el proyecto unicelular, personal e intransferiblede Maite Arroitajauregi. Nos la perdimos en junio cuando introdujo la actuación de Jolie Holland en Gazteszena y en ese mismo lugar la vimos hace pocos meses como una integrante más de la banda de Anari. Por ello, había muchas ganas de ver en acción a la artista de Eibar de la que tantas y tan buenas cosas se cuentan.
Lo primero que cabe subrayar es que las expectativas no fueron traicionadas y que Mursego es, sin duda, una de nuestras más extrañas y originales propuestas musicales. Maite canta básicamente en euskera, aunque también ofrece sus tonadas en portugués e inglés, y en ocasiones incluso emite alaridos que difícilmente se pueden vincular a ningún lenguaje conocido -¿no les recuerda ello a aquel genio fallecido recientemente que cantaba Haika mutil y otras joyas legendarias?-. Toca el cello y otros instrumentos como el autoarpa o las maracas, que, convenientemente grabados y relanzados con su pedal, se van superponiendo unos a otros convirtiendo a Mursego en una suerte de increíble mujer orquesta.
Sus temas -Zuuuuuu, Subir arriba, baixar abaixo, My laptopiste, Tanqueray- son difícilmente clasificables y oscilan entre un clasicismo arrebatador y la vanguardia más resultona. Cualquier idea, por excéntrica que parezca, es válida para construir una canción: aprovechar como colchón sonoro las bases pregrabadas de un organillo ochentero, registrar el sonido de las burbujas que surgen en un vaso de agua cuando se sopla por una pajita, cantar literalmente el texto de una receta de atún con pisto (Hegaluzea pistoarekin) o rendir homenaje al hombre sin pasado del cineasta Aki Kaurismäki. Y luego están las versiones, porque Mursego es capaz de arrimar a su ascua a sardinas tan diferentes como Kraftwerk, Xabier Montoia o Daniel Johnston. De este último genial y esquizofrénico artista, por ejemplo, rescató Devil Town, el mismo tema que Los Punsetes transformaron hace poco en las siglas CI, de Ciudad infernal.
Luego de tan asombrosa actuación le llegó el turno al cabeza de cartel, los Glorytellers. El grupo de Geoff Farina (ex Karate) fue pura delicatessen musical, auténtico pop de cámara, intimista, suave y límpido. Pero por muy pulcro que fuera el sonido del grupo estadounidense, la cabeza de este humilde fotero seguía dándole vueltas a Mursego y a su insólita oferta. Según su página de MySpace, la próxima cita con la discípula más aventajada de Mikel Laboa tendrá lugar el 12 de marzo en el local de la Tirri Tarra de Pasai San Pedro, donde hará las veces de telonera de Sorkun. Y el 7 de mayo la chica murciélago (mursego, en portugués) actuará en Lugaritz antes que el cantautor canadiense Barzin y en el marco del circuito Donostikluba 10. Hazte un favor y no te lo pierdas...
EL chivatazo del concierto llegó ayer mismo a través del imprescindible Loveof74, cuyo aviso sirvió también para que la cámara de este humilde fotero debutara en la oscura Sala Mogambo de Trintxerpe. Impresionante y sorprendente el atronador bolo que se marcaron Six Organs of Admittance, máxime si las referencias que uno tenía acerca de su propuesta se reducían a los temas colgados en su MySpace y a la difusa etiqueta New Folk. Pero las etiquetas musicales, ya se sabe, las carga el Diablo y son, parafraseando a Harry El Sucio, como el culo: todos los grupos tienen una. O incluso varias.
El caso es que quien esperara una actuación plagada de sugerentes paisajes sonoros y de atmósferas espesas no se fue de vacío, pero en el interior de sus pabellones auditivos se llevó también unas cuantas dosis de distorsión a cuenta de un tremebundo trío de guitarras eléctricas. La voz cantante -y sonante- la llevó, por supuesto, Ben Chasny, que para eso es el padre del invento, pero por encima del otro guitarrista y del batería, destacó la zurda Elisa Ambrogio: pasó medio concierto en cuclillas, manipulando los pedales de su Statocaster, y el otro medio en pie, haciendo fechorías con las seis cuerdas. Además, la chica dio lugar al momentazo de la noche, que llegó cuando utilizó el culo de un botellín de cerveza (¡a un euro la unidad!) para adornar a base de acoples y puro ruido el mantra eléctrico que interpretaba el grupo en ese instante.
Six Organs difundió su mensaje sonoro con furia, sobriedad y descaro. Así lo atestiguan las siguientes imágenes, faltas de luz pero no de ruido. ;-)