
Lady Sitar
11/11/2011. Sala de Cámara del Kursaal. Donostia.









Los canadienses dividieron la función en dos partes claramente distintas y el primer set lo dedicaron a sus canciones más recientes, agrupadas por una suerte de proeza o locura -según se mire- que consiste en autoproducir cuatro discos en 18 meses. El proyecto se llama The Nomad Series y su tercera entrega, Sing in my Meadow, ha visto la luz hace escasas semanas. Precisamente la pieza que da título a ese álbum abrió el concierto en el que después también se escucharon A Bride's Price, Continental Drift, 3rd Crusade y Late Night Radio, que sonaron mansas en unas ocasiones y salvajes en otras, siempre introducidas por la risueña Margo Timmins, adicta a las rosas rojas y las infusiones.
De Demons, el segundo volumen que incluye solo temas del fallecido Vic Chesnutt, interpretaron la bella See You Around -la canción predilecta de la dicharachera Margo, según confesó ella misma-, mientras que del primer disco de la serie nómada eligieron la homónima Renmin Park, que hizo temblar de emoción al público con solo tres elementos: la voz de la pelirroja cantante, la guitarra acústica de su hermano Michael y la evocadora mandolina del artista invitado Jeff Bird, que por una vez no sonó electrificada como en el resto del concierto. Acto seguido, a modo de transición, el trío accedió a la petición que un fan había formulado en el foro de la web de Cowboy Junkies y tocó To Love Is to Bury, extraída del célebre The Trinity Session (1988).
Aquel trabajo -grabado en una iglesia durante 24 horas y con un solo micro de ambiente- incluía una gloriosa versión de Sweet Jane que en su día Oliver Stone coló en la banda sonora de Asesinos natos (1994) y que antes de ayer inauguró la segunda parte de la actuación, con sonidos eminentemente velvetianos primero y con una interpretación hipnótica después. Le siguió Me and the Devil de San Robert Johnson y otras joyas del Trinity como la balada Misguided Angel o el blues Working on a Building. Enfilado el final, Good Friday dio paso a una soberbia y celebrada versión del Don't Let It Bring You Down de Neil Young.
En los bises homenajearon de nuevo a Chesnutt con la maravillosa Wrong Piano y se despidieron, sobrecogedores, con otra delicada ración acústica de voz, guitarra y mandolina. Los acordes de la mítica Powderfinger, también del compatriota Young, rubricaron la sobresaliente actuación de un grupo que, tras 25 años de coherencia y buena música, merecería ser mucho más (re)conocido y cabalgar junto a un número mayor de espectadores.
Publicado en Noticias de Gipuzkoa el 12 de noviembre de 2011.










La estadounidense llegó con su cuarto álbum, Bare Bones (2009), recién salido del horno. A juzgar por su sonoridad, es un trabajo continuista, en la mejor tradición del jazz vocal, pero compuesto por ella en su integridad. Sonaron, entre otros, River of Tears, You Can't Do Me y Our Lady of Pigalle, aunque no renunció a sus conocidas versiones. Cuando abordó La Javanaise de Serge Gainsbourg, los músicos se arremolinaron en torno a Peyroux en plan banda callejera, con melódica, mandolina y una caja de cartón a modo de batería. Además, la discutible sucesora de Billie Holiday -un título otorgado por la propia industria para vender sus discos- rezó tres padres nuestros en el nombre de Leonard Cohen, de quien cantó Blue Alert, Half the Perfect World y la aplaudida Dance me to the End of Love.
Escuchar a Madeleine es una indudable experiencia placentera. Su voz destila un encomiable clasicismo y su música fluye sedosa, sin que nada parezca forzado. Cuenta, además, con un grupo espectacular, un lustroso cuarteto que arropa inmejorablemente sus canciones de amor y sus escarceos por el folk y el pop.
Sin embargo, aunque todo resulte propicio para un espectáculo redondo, el discurso de la joven nacida en Athens, Georgia, ralla lo monocorde por momentos, le falta el punch necesario para noquear al público. Y tanta corrección puede provocar que el espectador se distraiga y empiece a pensar que el guitarrista es idéntico a Lou Reed, que el tipo del Hammond posee un aire a Ry Cooder o que el batería tiene un viento lejano a Jamie Cullum. El bajista, en cambio, no se parece a nadie. La velada toca a su fin con el único bis, Something Grand, una balada dedicada a Barack Obama, y alguien que en la décimo octava fila querría estar aplaudiendo a rabiar, sigue distraído, preguntándose qué artista en España escribiría una canción pensando en Mariano Rajoy si éste llega al Gobierno. ¿Pitingo por ejemplo?







