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21 marzo 2010

Faemino y Cansado 2010: la entrevista

La semana pasada rescatábamos la entrevista realizada a Faemino y Cansado con motivo de su anterior visita a Donostia. Si aquella aconteció vía telefónica con Javier Cansado, la que viene a continuación se hizo cara a cara, con él y con su compañero Carlos Faemino -poco dado a los encuentros con la prensa-, en los camerinos del Victoria Eugenia.


"Nos hemos radicalizado, quizá por la madurez y porque nos sentimos más libres que antes"

La siguiente charla tuvo lugar el pasado miércoles en los camerinos del Victoria Eugenia y concluyó siete minutos antes del inicio de la función de Parecido no es lo mismo. Llevan tantos años sobre las tablas -casi 25- que parecen tener controlado el miedo escénico. Sin las máscaras de sus personajes, son dos tipos afables y formales que poseen su propio discurso teórico en torno al humor y que refrendan el manido tópico de que la comedia es una cosa muy seria. Cansado, el más locuaz, lleva la batuta de la conversación. Faemino pregunta: "¿Podemos decir que éstos son los mejores camerinos de España?". "De España no, del Estado Español", bromea Cansado reproduciendo parte de un chiste del espectáculo.

Actúan seis días en Donostia con el teatro repleto. Eso no lo consigue ni Pedro Osinaga en Semana Grande.

Javier Cansado. ¡Menudo referente! La verdad es que es bárbaro que dos mocosos como nosotros estemos tantos días en un pedazo de teatro como éste. Es halagador pero te responsabiliza un montón porque las expectativas son muy grandes.

Y eso que en 24 años su propuesta no ha cambiado gran cosa...

J.C. Tenemos la misma línea de siempre, una línea tangente al absurdo con toques muy realistas, realismo-socialismo, como decimos nosotros. Mezclamos los temas más cultos y elevados con el barrio, con la cosa primaria.

¿Pero cuál es el truco?

J.C. Que actuamos poco, hacemos ocho funciones de media al mes, y por eso cada día que actuamos es una fiesta. Como la vida palidece ante el escenario -la vida tiene poco estímulo- queremos que actuar sea una fiesta, una catarsis. Y seguiremos mientras eso sea así.

Carlos Faemino. Yo creo que, sobre todo, aportamos sinceridad, un bien que se cotiza bastante. Somos como los amigos que hace tiempo que no ves y a los que te alegra volver a ver. Y como no somos gente distante...

¿Perciben que su público se va renovando?

J.C. Sí. Hace siete u ocho años estábamos un poco preocupados porque el público era generacional. Venían a vernos los que habían crecido con nosotros y se nos escapaban los jovencillos. Pero tenemos la fortuna de que en Youtube está prácticamente todo lo que hemos hecho, y el público joven se está enganchando. Es cojonudo. Somos transgeneracionales, estamos siendo ya clásicos.

C.F. Como Pedro Osinaga.

J.C. Efectivamente. Como él. (Risas)

¿En qué sentido ha evolucionado su humor si es que ha cambiado?

C.F. Yo creo que nos hemos radicalizado un poco más, quizá por la madurez y porque nos sentimos más libres que cuando empezamos. Tenemos la misma responsabilidad con la gente, pero al mismo tiempo gozamos de una mayor libertad mental para decir cosas que antes no decíamos por algún tipo de prejuicio.

¿Hay algún límite que no deba traspasarse en el humor?

J.C. Pienso que no debe existir ningún tabú en el humor. En España, por ejemplo, el humor negro es algo muy normal. Es muy nuestro eso de meternos con la muerte. Y no hay nada más radical que la muerte. En mi opinión, lo que molesta a veces es el tono. Si tú, como en nuestro espectáculo, estás describiendo a una pareja follando, es más desagradable referirse al tema en términos de churrupaina o pichurrina que utilizar barbaridades bien dichas y palabras duras, que es lo que hacemos nosotros. Además, yo creo que el pensamiento no delinque, la palabra es un hecho excepcional y hay libertad absoluta para decir lo que quieras, sea lo que sea.

¿Y qué cosas se atreven a decir ahora que antes no decían?

J.C. Cosas que antes igual nos daban un poco de corte... Por ejemplo, hace diez años era impensable el número en el que Carlos describe cómo folla una pareja o que yo dijera en Euskadi eso de que estamos en España o el Estado Español y terminara soltando un "a mí me suda la polla". Esa acracia, esa forma de representar a la reina medio borracha, son cosas que antes pensábamos y nos daba apuro decir. Ahora no nos cortamos nada ni con el lenguaje ni con las referencias. Si la gente no sabe que en el hemisferio sur el agua gira al revés, no es nuestro problema. Somos muy bestias, pero como lo hacemos desde la perspectiva del buen rollo...

Su humor suele calificarse de inteligente. ¿Es compatible con un estilo cómico más fácil?

J.C. Sí, claro. El humor primario y el popular también molan. Una buena caída es imbatible.

C.F. Yo creo que cualquier humor es inteligente porque se trata de jugar con las ideas. Nos dan un poquito de envidia Los Morancos, que funcionan al 100%, consiguen la risa y no tienen esa cosa de decir que hacen humor inteligente.

J.C. La risa es muy primaria, tú te ríes y después puedes intentar pensar de qué te has reído. La risa está siempre por delante, es decir, primero carcajeas y luego piensas: "Me han hecho reír con una referencia a tal o cual cosa".

Parece que tienen su propio departamento de I+D en el humor... ¿"Investigan" mucho?

J.C. Le damos muchas vueltas a las historias. Empezamos a trabajar sobre una idea concreta y giramos en torno a un embrión. Al cabo de tres días igual te das cuenta de que no funciona y buscas otra idea. Es una parte del trabajo muy antipática, pero como tenemos ese punto de vista tan nuestro, del mismo modo que un filósofo crea un sistema de pensamiento, a nosotros se nos ocurren bromas y chistes con nuestro punto de vista particular. Ahora bien. En nuestra profesión no se puede apelar a la sofisticación, es decir, si la gente no se ríe, no puedes decir que eres un incomprendido o que vas por delante del público... Porque la primera respuesta es siempre la risa de la gente y lo demás es engañarse. Un cómico tiene que conseguir la risa; si no lo hace, chungo.

Además, ustedes tienen la ventaja de que consiguen hacer reír incluso cuando no hablan...

J.C. En nuestros principios, Tricicle nos daba envidia porque hacían reír a la gente sin hablar. Ahora ocurre lo mismo con nosotros porque tenemos el público a favor, pero claro, el espectáculo dura hora y media y tienes que mantenerlo. Cuando estás empezando te cuesta trabajo demostrar que eres divertido, y cuando ya te conocen tienes que cumplir las expectativas.

¿Y les ha sucedido alguna vez que el público no se ha reído con su espectáculo porque quizá era demasiado vanguardista?

J.C. Nos ha pasado poco. Una vez ofrecimos una actuación sorpresa en los carnavales de Málaga. El teatro Cervantes estaba lleno a reventar. Primero actuaba el Dúo Sacapuntas -fíjate qué nivel- y después nosotros como estrellas sorpresa. A la gente no le interesamos lo más mínimo y fuimos muy heavies...

C.F. Somos tan egoístas o tan burros que cuando actuábamos en la calle nos permitíamos el lujo de echar a la gente que no se reía. Y en el escenario nos hemos sobrepuesto y hemos crecido cuando el público no entraba en el espectáculo.

J.C. Vuelvo a decir que nuestra línea cómica no ha cambiado en absoluto y eso fue un handicap al principio. Cuando en los 80 actuábamos en la calle y en los bares, algunos managers decían que teníamos posibilidades pero nos pedían cosas más habituales, más sencillas y entendibles.

C.F. Porque en los primeros números hacíamos imitaciones de monumentos como las casas colgadas de Cuenca, la torre inclinada de Pisa o la plaza de San Marcos de Venecia.

J.C. Era todo muy conceptual y siempre estábamos en la cuerda floja. Pero nos negamos a cambiar esa apuesta de decirle al público: "Mira, te vamos a proponer un humor sin red, es una cosa muy loca y si te metes, te lo vas a pasar muy bien porque es un absurdo tan tremendo que vas a flipar". Estás siempre en ese momento en que te puedes caer abajo y hacer el payaso. Siempre hemos actuado así...

¿Sus guiones están muy cerrados?

J.C. Bastante. Se podría hacer tal cual, del modo en que aparece registrado en la SGAE, y saldría hora y media muy graciosa. Pero vamos añadiendo unas cosas y cambiando otras para no aburrirnos. Es como si fuera jazz, tienes una línea melódica y vas improvisando un poco para luego retomar el hilo.

Pues da la impresión de que todo es bastante real, incluso sus risas.

J.C. Hombre, yo tengo dos risas marcadas por el guión, pero casi todas son espontáneas.

C.F. Incluso habiendo escuchado chistes que ya te sabes, a mí me ocurre que cuando vuelves a visualizar una propuesta absurda y disparatada, la risa surge sin que se pueda evitar.

J.C. A veces, Carlos, me ocurre que no te puedo mirar porque me río. En el número en el que uno de tus personajes explica que vomita fuera de contexto, no te miro porque me descojono con las caras que pones. Es un momento tan brillante...

¿Es primordial que sus propios chistes les hagan gracia?

J.C. Es importante, claro.

Pero qué es más importante, ¿que un número les guste a ustedes o al público?

J.C. A nosotros. Para eso tenemos un truco. Actuamos dos días al mes en la Sala Galileo de Madrid y eso nos sirve para probar cosas. Cuando no tenemos un número muy claro lo hacemos allí y vemos cómo responde la gente. Nos ha pasado a veces que algún sketch no tenía ni puta gracia y que vas buscando, intercambiando los personajes hasta que al final ves que funcionan. Pero a veces tienes que levantar números, como uno de la Nasa que teníamos...

El año que viene cumplen 25 años. ¿Piensan celebrarlo de algún modo?

J.C. 25 años en los escenarios más el tiempo que estuvimos en la calle.

C.F. No tenemos intención de hacer nada especial. La verdad es que no somos nada ceremoniosos. No sabemos ni qué día empezamos a trabajar juntos. ¡Pero si llevamos un montón de años con la misma foto de promoción!

Faemino y Cansado 2010: la crónica


Y la carne se hizo verbo

Fecha y lugar. 16/03/2010. Teatro Victoria Eugenia. Donostia. Intérpretes. Carlos Faemino y Javier Cansado. Incidencias. Lleno total. El espectáculo duró una hora y 40 minutos.

SALTAN
a escena cual estrellas de rock, en mitad de un estruendo de guitarras eléctricas y un cegador juego de luces. Entre alaridos y piruetas, Faemino y Cansado comienzan su espectáculo con el grito, ya legendario, de "Todo esto lo hacemos por la pasta". Y durante más de hora y media se entregan a su sempiterna fórmula de "micrófonos y dos tíos hablando".

Parecido no es lo mismo, han titulado su último montaje. "Pero se le asemeja un huevo", cabría añadir. Chaqueta roja para el alto y azul para el menos alto. Viejos conocidos como el Gran Mimón -el rey del gesto, el monarca de la cucamona- o los tíos abuelos Arroyito y Pozuelón. Copas de coñac y camisas con chorreras...

En un tiempo en que los artistas parecen más modernos en función de su grado de reinvención, Faemino y Cansado se niegan a cambiar una fórmula que funciona desde hace un cuarto de siglo. Primero por convicción personal y después porque, probablemente, el público no se lo perdonaría.

La audiencia necesita reencontrarse con esos dos tipos ácratas, irreverentes, zafios, inteligentes, absurdos y, en ocasiones, indescifrables, que opinan que "Jamaica no vale " y lo mismo hablan del casino de Ghana que de los vórtices energéticos; del punto G que los esquimales tienen en la nariz o de un capitán de barco que quizá sea un semidiós. No hay nadie más que en el mismo chiste pueda convocar con éxito a un camarero, a Schopenhauer, a una lesbiana y a un ornitorrinco. Porque creen en el poder transgresor de la palabra y emplean una verborrea tan incontenible como subversiva.

Por eso, a modo de homenaje, el título de la presente crónica se ha perpetrado, como si de un sketch del dúo se tratara, dándole la vuelta al viejo dogma bíblico que reza "Y el verbo se hizo carne". Con ellos, por supuesto, sucede lo contrario, pues cada noche Faemino y Cansado -la carne- se transforman en verbo -la palabra-. Y habitan jocosa e hilarantemente entre nosotros, el público. Que así sea, por los siglos de los siglos, amén.

13 marzo 2010

Entrevista antigua a Faemino y Cansado

Aunque parezca actual, la siguiente entrevista se publicó el 19 de febrero de 2008 en Noticias de Gipuzkoa. Sólo se delata por referencias temporales a la campaña de las últimas elecciones generales. Por lo demás, Faemino y Cansado vuelven mañana al Victoria Eugenia para actuar hasta el domingo con el teatro lleno hasta la bandera.

"La carcajada primaria es lo verdaderamente revolucionario y subversivo en el humor"

Martes y Trece, Cruz y Raya, Los Morancos, Los Hermanos Calatrava... Las comparaciones son 'ignominiosas' y, en este caso, inapropiadas, porque el estilo de Faemino y Cansado no tiene igual. Prueba de ello es que actuarán en Donostia desde mañana y hasta el domingo con todo el papel vendido

Faemino y Cansado estrenaron su nuevo espectáculo hace dos años en Bilbao, pero Javier Cansado asegura que éste ha cambiado mucho. "Nos cansamos de repetir los mismos números e improvisamos unos y descartamos otros", sostiene. Son dos es una recopilación de sketches que escribieron para su mítico y exitoso programa televisivo El Orgullo del Tercer Mundo y que nunca han sido vistos en el teatro. "Ha salido un híbrido muy divertido, con números conocidos como el de los personajes ignominiosos o el de Kierkegaard", advierte.

¿Pero de verdad han leído a Kierkegaard?

Sí hombre, sí... El sketch de "Qué va, qué va, qué va... Yo leo a Kierkegaard" surgió porque queríamos buscar una frase pedante que quedara fuera de contexto, y acertamos, salió bien. En realidad, escogimos a ese filósofo porque el mundo del pensamiento ha reflexionado muy poco sobre el humor y Kierkegaard escribió una tesis doctoral sobre la ironía. De todos modos, la broma inicial era aún más pedante y decidimos eliminarla: hablaba de Baudrillard, el pensador postestructuralista. Demasiado académico...

¿Cree, como reza la nota promocional de 'Son dos', que sus espectáculos anteriores eran algo pretenciosos?

(Risas) Yo creo que nunca hemos sido pretenciosos, y de hecho, lo que más nos gusta del humor es la carcajada primaria. Eso es lo verdaderamente revolucionario y subversivo.

¿Qué tipo de carcajada? ¿Grotesca incluso?

Sí, sí. Una carcajada en la que primero pierdes las formas y después analizas por qué te has reído. Buscamos esa carcajada de verdad que provoca que te muevas en la butaca, abriendo mucho la boca y empleando músculos del cuerpo que habitualmente no utilizas. Nos oponemos a ese rollo intelectual de la ironía y la sonrisa, y defendemos más lo primario, aunque empleemos elementos sofisticados y elaborados. Y al final, para nosotros, si la gente no carcajea, el espectáculo no funciona.

Defienden, por tanto, el placer de reír por reír.

Es que la risa es un placer. De hecho, es el mayor placer que existe después del orgasmo. Porque el orgasmo está ahí en un altar y no lo vamos a tocar.

¿Y se atrevería a definir el humor de Faemino y Cansado? ¿Es absurdo, payaso, surrealista, inteligente?

Utilizamos una mezcla rica de muchas cosas, pero quizá prevalezca el toque surrealista con una variante muy buena: el realismo. Nuestros personajes son reconocibles, cercanos, estereotipos muy claros, pero nos gusta enfrentarlos a asuntos muy disparatados, en un contexto loco y exagerado. Por eso me gusta decir que somos realistas surrealistas, una paradoja y una contradicción inherente al ser humano.

En las últimas dos décadas no ha cambiado mucho su puesta en escena. Por ejemplo, Faemino sigue vistiendo de rojo y usted de azul.

(Risas) El vestuario no ha cambiado nunca y todo nuestro atrezzo cabe en una bolsa de deportes chiquitita. Somos la envidia del país.

Conservan su copita de coñac pero ya no fuman en los teatros. ¿Son los efectos de la Ley Antitabaco?

Faemino, que es un fumador auténtico, dejó el hábito sobre el escenario por respeto a los fumadores. Se dio cuenta de que para los espectadores que fuman era un suplicio asistir a un espectáculo donde él no soltaba el cigarro durante hora y media, así que lo dejó.

¿Y por qué hace tanto tiempo que no se les ve en la televisión?

Porque no nos gusta, no disfrutamos ni somos felices. Hay gente que tiene un subidón si le pones una cámara delante. Para nosotros, en cambio, es una liberación terminar de grabar un programa. Lo hacemos, porque somos profesionales, pero no somos felices en la televisión. Como ya tenemos una cierta edad y un cierto estatus, podemos elegir lo que queremos hacer.

Es evidente, por tanto, que el problema no es la falta de ofertas.

No, y tampoco hemos tenido problemas de censura o de dinero. Pero no éramos felices. Como nuestro karma no mejoraba, decidimos dejarlo. Yo, que soy más parlanchín y suelo colaborar en radio, aparezco de vez en cuando en algún programa televisivo, más que nada para que mis hijos vean que tengo una cierta puesta en escena...

¿Sabe que casi todas sus incursiones televisivas del programa 'El orgullo del Tercer Mundo' pueden verse en Internet a través de YouTube?

Sí, es maravilloso, una promoción cojonuda que hace que se renueven los espectadores. Hace más de una década que no salimos en la tele y los jóvenes de veinte años, por ejemplo, no nos conocen. Gracias a esos vídeos de Internet pueden tener un elemento de juicio que les haga ir al teatro para vernos en directo.

Manuel Campo Vidal, el periodista que protagonizó uno de sus números más excéntricos, moderará uno de los debates entre Zapatero y Rajoy. ¿Harán alusión a ello?

El sketch de Manuel Campo Vidal estuvo incluido en la función al principio de la gira de Son dos , pero ahora no lo hacemos, porque a veces nos cansamos de repetir números. Por eso también hemos dejado de hacer el número de los Beodos Brothers. Nos interesa vender como marca esa frescura que nos es tan propia y si repetimos mucho los mismos números, llega un momento en que ese toque intangible se pierde.

Suelen jactarse de practicar un humor no ligado a la actualidad, de modo que evitarán guiños a la inminente campaña electoral.

No nos interesa, no. Y siempre decimos que contamos con la ventaja de que las cosas que escribimos hace veinte años pueden gustar más o menos, pero hoy día siguen teniendo vigencia.

Mariano Rajoy decía el otro día que "a Zapatero, sin careta, se le ve el careto". ¿Cómo ven el intrusismo de los políticos en el humor?

Las gracias y las bromas que hacen en los mítines no tienen ninguna gracia. Cuando escucho los juegos de palabras de Rajoy o Zapatero me entran ganas de decirles: "Por favor, dejad el humor a los profesionales".