23 agosto 2007

Jazzaldia (VII)


Pat Metheny/Brad Mehldau

METHENY Y MEHLDAU ELEVAN LA EXQUISITEZ AL CUADRADO
(publicado el 30 de julio de 2007)

Sábado noche en Donostia. 21.00 horas. Los fotógrafos que normalmente trabajan a pie de escenario han sido desterrados al fondo de la plaza. También están más alejadas de lo habitual las cámaras de TVE que todas las noches graban los conciertos de la Trini.

Por megafonía se advierte de que Pat Metheny y Brad Mehldau han pedido expresa y reiteradamente que nadie saque fotos, con o sin flash, de manera que puedan realizar su trabajo lo mejor posible. Está claro que algo grande se está fraguando…

Con cierto miedo metido en el cuerpo, pero sabedor de estar a punto de presenciar un concierto casi irrepetible, el público recibe con un gran aplauso a ambos músicos, que inician, en solitario, un delicioso recital de guitarra y piano. Rompen el silencio con Unrequited , que deja patente que la velada estará regida por la sutileza, el refinamiento y la sofisticación.

Hace tiempo que el aficionado al jazz sabe cuánto puede dar de sí una guitarra en manos de Metheny, pero buena parte del público no da crédito al virtuosismo que exhibe el insultantemente joven Mehldau, que hace unos pocos años encandiló al Kursaal al frente de su trío. Ejecutan sus composiciones casi en trance, con los ojos cerrados, como muchos espectadores, que escuchan perplejos cómo los dedos de Mehldau saltan ágiles de una tecla a otra y protagonizan hermosas digresiones que se topan con punteos de guitarra sublimes. La armonía es total.

Prosiguen los dos solos con su desnuda propuesta. El de Missouri coge la acústica e introduce Make Peace , una balada con ecos sureños y un clímax brutalmente emocionante: Metheny rasga las seis cuerdas con una inusitada fiereza y Mehldau logra que se tambaleen los cimientos de su piano Steinway. Simplemente conmovedor.

de dúo a cuarteto Es momento de soltar la tensión acumulada tras el desgarrador intercambio musical entre guitarra y piano. La sección rítmica entra a saco y el dúo se convierte en cuarteto. Avasalladores, el bajista Larry Grenadier y el batería Jeff Ballard no dan tregua en el pegadizo A Night Away .

En esta segunda parte del concierto dominan los temas del disco Quartet (2007), donde la presencia de Grenadier y Ballard es mayor que en Metheny Mehldau (2006). Los cuatro logran un sonido excepcionalmente compacto y saben sonar violentos o suaves según la ocasión, pero siempre sublimes y apasionados, con un equilibrado reparto de solos en piezas como En la tierra que no olvida o Ring of life .

Bajista y baterista abandonan el escenario sólo mientras Metheny interpreta The Sound of Water con un bizarro instrumento llamado Pikasso, cuyas 42 cuerdas brindan a su música ciertas resonancias orientales. Regresa la sudorosa máquina del ritmo de Grenadier y Ballard, al tiempo que la guitarra eléctrica da paso a la sintetizada. Se suceden las melodías -Towards the Light , Santa Cruz Slacker , Fear and Trembling o Say the Brothers Name - y el ánimo de la silenciosa audiencia no decae. Ni el de los dos generosos protagonistas de la velada que, a pesar de llevar más de dos horas sobre las tablas, aún tienen ganas de ofrecer un bis.

La familiar voz femenina que anuncia el inicio y el fin de los conciertos de la plaza despide la sesión hasta el día siguiente. Las luces se encienden y los espectadores suspiran, con las notas de un exquisito concierto aún reverberando en sus oídos. Las caras de los afortunados que han presenciado el concierto durante dos horas y en un contenido silencio sólo roto por los aplausos entre tema y tema, no pueden ser más expresivas.

Aunque el sábado no hubo sesión doble en la Plaza de la Trinidad, podría decirse que las 2.676 almas que, según la organización, se dieron cita en el lugar, disfrutaron de dos conciertos por el precio de uno. El primero consistió en el intercambio de experiencia y sensibilidad que protagonizaron, solos a la guitarra y al piano, los dos principales protagonistas de la noche. El segundo llegó cuando Larry Grenadier y Jeff Ballard aportaron su fiereza y delicadeza a un cuarteto que sólo pudo sonar mejor en un auditorio como el Kursaal.

Cuando dos intérpretes de la importancia de Metheny y Mehldau coinciden en un proyecto discográfico o en un escenario suele recurrirse a la palabra duelo para definir su trabajo conjunto. Pero el espectáculo que logró que el sábado el Jazzaldia viviera su noche más redonda tuvo poco de duelo y mucho de diálogo lírico entre dos músicos que se escuchan, se admiran y se entienden.

Ahora lo deseable sería que la colaboración entre ambos artistas no se quedara en los dos únicos discos que han publicado hasta el momento y siguieran creando afición con su exquisito jazz.

2 comentarios:

mdaf dijo...

En el Galapajazz de este año también pudimos disfrutar de estos dos fieras. Hubo un malentendido con la organización, y nos echaron a todos del foso al comenzar el concierto, despues de que Mehldau lo indicase.

Nos permitieron fotografiar un tema, pero cuando estaban sobre el escenario todos los músicos, no con Metheny y Mehldau solos.

A algunos les parecieron "pesados", a mi me gustó su concierto :-)

Un saludo.

Peeping Tom dijo...

Gracias por pasarte por aquí, mdaf.
A mí el concierto -queda claro en la crónica- me pareció sublime.
Fotográficamente es todo lo que dio de sí la cosa, porque no iba acreditado como fotero, sino como plumilla, y las imágenes que tomé fueron robadas, a escondidas y temeroso de que me cazaran los perros guardianes de la organización. Aproveché los aplausos entre pieza y pieza, y los momentos en que la gente se ponía de pie para abandonar la plaza de la Trini... A los foteros de verdad los pusieron al fondo, a mucha-mucha distancia...
Una pena...