24 mayo 2009

Conciertos del Azkena Rock Festival


El último primero

SEPTIEMBRE
o mayo. El último festival o el primero. Da lo mismo. Aunque el Azkena de Vitoria se celebrase en plena semana de Navidad, Mendizabala seguiría llenándose de pies negros y melómanos que ven, escuchan y beben todo cuanto se les pone a tiro. Volvió a ocurrir el pasado fin de semana en la octava edición de la cita rockera, cuya floja jornada inaugural fue salvada por dos gabachos, The Inspector Cluzo, que gustaron con su mezcla de rock y funk. Por su parte, las féminas que encabezaban el cartel del jueves, la requetevista Juliette Lewis y las noventeras The Breeders, hicieron lo que se esperaba de ellas, sin mayores sorpresas ni alharacas.

dos blancos 'negroides'
The Black Crowes y Cooper

El viernes Vitoria se caldeó en lo climatológico y en lo musical. Qué conciertazo el de Eli Paperboy Reed, un blanquito insultantemente joven del que estarían orgullosos cadáveres tan ilustres como Otis Redding, James Brown y, sobre todo, Sam Cooke. Hubo, asimismo, una entrañable dosis de pop-rock setentero y alcanforado a cargo de la mítica banda británica The Zombies, y sus compatriotas punkies Uk Subs cumplieron con solvencia la difícil papeleta de sustituir a los Bad Brains, que cancelaron su concierto de Vitoria sin justificación alguna.

A medianoche, varias aves de buen agüero sobrevolaron el escenario principal y ofrecieron un concierto brillante que, no obstante, no fue del gusto de todos. Han sido demasiados años waiting for The Black Crowes y quizá ello provocara que los estadounidenses no cubrieran las expectativas de algunos a pesar de su potente y enérgica descarga de rock.

La última noche era, por supuesto, la de Alice Cooper, que a sus 61 tacos sigue representando el teatrillo de collares, camisas de fuerza y espadas. Su repertorio, como su influjo en el rock de las últimas décadas, es incuestionable, y también lo es su música, que roza la categoría de mítica. Pero si el espectador olvida el respeto que se le debe a un grande como él y toma una cierta distancia, corre el riesgo de ver algo de trasnochado y casposo en un anciano que actúa tenebrosamente maquillado y en mitad del show simula morir ahorcado. Eso sí. No se debe cometer la imprudencia de opinar tal cosa en presencia de su legión de fans. Por lo demás, ese mismo día varios grupos -Dan Auerbach, Woven Hand, The Soundtrack of Our Lives- habían protagonizado estupendos conciertos. Posiblemente el mejor fue el de Mike Farris que, en la misma línea de Eli Paperboy, brindó una propuesta plena de ventoso y buen soul. Tiene bemoles que dos caucásicos hayan dado la campanada con sus respectivas funciones negroides en un Azkena notable que, al menos en lo referido al calendario, ha hecho bueno el dicho que reza: "Los últimos serán los primeros".