12 marzo 2010

'Su seguro servidor, Orson Welles' en el Victoria Eugenia


Ciudadano Pou

Fecha y lugar.
10/03/2010. Teatro Victoria Eugenia. Donostia. Intérpretes. José María Pou (Orson Welles), Javier Beltrán (técnico de sonido). Autor. Richard France. Versión y dirección. Esteve Riambau. Incidencia. Algo más de medio aforo completo.

ORSON Welles visitó Donostia durante el Festival de Cine de 1973, donde presentó la película Fraude (F for Fake), y aunque falleció en 1985, esa circunstancia no ha supuesto ningún obstáculo para su retorno a la capital guipuzcoana. El gran histrión ha pasado los dos últimos días hospedado en el Teatro Victoria Eugenia bajo la máscara del inmenso José María Pou que, como si de una reencarnación del director de Ciudadano Kane se tratara, protagoniza -y casi podría decirse que fagocita- la obra Su seguro servidor, Orson Welles.

Se iza el telón y de entre las sombras emerge la oronda figura de Pou/Welles enfundado en una de las túnicas que solía lucir al final de su vida. El aroma del cigarro puro que sostiene entre los dedos y, sobre todo, el prodigioso uso de la voz y del lenguaje corporal, convencen al público de que es el mismísimo Orson -y no un actor- quien realiza una radiografía de su propio fracaso.

Welles prostituye su talento confinado en un estudio de radio donde graba infames cuñas publicitarias y espera la llamada de Spielberg, el único que puede prestarle dinero para concluir el rodaje de Don Quijote. El texto de Richard France es interesante en función del nivel de conocimiento sobre el tema, pero hay momentos en los que el ritmo de la función decae o incluso roza la aliteración debido a un esquema reiterativo que alterna constantemente la ensoñación y la posterior vuelta a la realidad de Welles.

Sin embargo, gracias al trabajo interpretativo del protagonista -y casi monologuista-, el montaje se salva de quedar reducido a una sucesiva enumeración de anécdotas y otorga al personaje una dimensión shakespeariana y quijotesca. El talento de Pou es tan extraordinario que el espectador podría escucharle sin perder atención aunque su trabajo sobre el escenario se limitara a la lectura de anuncios de laxantes y comida para perros durante hora y media.